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ESTAMBUL, PARADIGMA DE UNA CIUDAD BELLA, EXÓTICA, PERO DE SENSACIÓN CAÓTICA

IstanbulCuando en el año 324 de la era cristiana el emperador romano Constantino I quiso construir la «Nueva Roma» sobre la antigua ciudad de Bizancio para que fuese la Capital del Imperio de Oriente, emulando a Roma, la dotó de una urbanización tal que pudiera llegar a ser centro administrativo, cultural y religioso; los estigmas propios y naturales de una capital imperial surgida en tierras helénicas. La «Nueva Roma» dejó muy pronto de llamarse así, pues cambió su nombre por el de Constantinopla en honor del gran Emperador. También dejó muy pronto la difícil romanización que Constantino quiso imponer; con la división definitiva del Imperio en el año 395 se helenizó volviendo a sus orígenes de ciudad griega. Por su situación estratégica en el mundo romano oriental fue fortificada, en primer lugar por Constantino y después por Teodosio, con las murallas que todavía hoy podemos contemplar. Si Constantinopla ya había quintuplicado en extensión desde sus orígenes a Bizancio, con el emperador Justiniano llegó a su máximo esplendor en habitantes, en palacios y monumentos civiles y religiosos, entre ellos el templo patriarcal de Santa Sofía (Aga Sofia actual); inmensas obras de ingeniería, bibliotecas, acueductos, monumentos artísticos y lúdicos han llegado hasta nosotros a pesar de los grandes avatares que la Ciudad tuvo que soportar en el transcurso de tantos siglos. El mundo islámico quiso también dejar su sello, embelleció todavía más la Ciudad y la islamizó: corría el año 1453 cuando el sultán Mehmet II se apoderó de Constantinopla al mando del ejército turco. Este hecho hizo cambiar el rumbo de la Historia, de la Sociedad, de la Humanidad. A partir de entonces los tiempos futuros descubrirían avances, enigmas y descubrimientos. El 29 de mayo de dicho año desapareció el último reducto del Imperio Romano de Oriente, Bizancio, quemado en aras del Imperio Turco: a partir de ahora Constantinopla se llamará Estambul (el nombre viene del griego «eis ten polin» «hacia la ciudad», istenpoli, istambol, istambul).

Estambul continuará siendo la capital de otro imperio, el otomano, hasta el año 1923 en que se fundó la ciudad de Ankara en tiempos de Ataturk. En sucesivos califatos otomanos, Estambul es orlada de majestuosas edificaciones civiles, militares y sobre todo religiosas. Prácticamente hemos de decir que la mayoría de los monumentos anteriores a la conquista otomana se conservaron transformados para las nuevas creencias, se mudaron de credo, se imitaron rindiendo culto a las culturas que formaron la Ciudad, excepto en algunos casos: la Mezquita del sultán Ahmet, más conocida como la Mezquita Azul debido al color de sus impresionantes azulejos, fue construida sobre los cimientos del palacio de los emperadores bizantinos; dicho Sultán quiso la construcción de una mezquita que superara a la inigualable Santa Sofía. Ambas son un exponente admirable del arte en versión geométrica; unos modelos al natural para los arquitectos renacentistas de Italia.

La antigua y populosa Capital de Turquía está repartida en tres zonas bien delimitadas: dos europeas, separadas por una pequeña ensenada puntiaguda llamada «Cuerno de Oro», y otra asiática. Entre sus costas se encierra el mar de Mármara (mármol); dos paisajísticos estrechos guardan este mar: el Bósforo lo separa del mar Negro, mientras que el Dardanelos del Egeo.

La zona europea del norte ocupa la parte más histórica, turística y antigua de la Ciudad, corresponde a la antigua Bizancio griega sobre la que se construyó Constantinopla: va desde el Bósforo hasta las murallas de Teodosio o «bizantinas» como allí se dicen. Empieza en el Palacio de Topkapi, una especie de alcázar maravilloso que encierra una ciudad medieval, un complejo de salones y dependencias múltiples donde el lujo y la opulencia son testimonios de una sociedad señorial; todo está distribuido, según el gusto islámico, por patios; hasta las cocinas hablan del esplendor señorial. Este Palacio, parque incluido, se halla en las inmediaciones de la estación ferroviaria de Sirkeci. Cercanos al Palacio Topkapi se hallan los monumentos de Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Museo de Arte Turco e Islámico, la Mezquita y la Torre de Beyazit. La Cisterna Yerebatán o Cisterna Basílica es un enorme aljibe de 336 columnas con capiteles corintios del s. VI, destacan las bases de mármol de dos de ellas -que formaron parte de otra edificación- porque sus relieves vienen representados por medusas clásicas y están colocadas en posiciones distintas para ocupar el hueco. Más alejadas hallamos las Mezquitas de Solimán y Rustem Pasa, cercana ésta al puente de Gálata. También encontramos el acueducto de Valens, el Gran Bazar y el Bazar de las Especias o Egipcio, entre otros muchos edificios notables que se reparten en los más de 6 km. de longitud que ocupa la zona. Debe visitarse el monasterio bizantino, ahora Museo Kariye, de San Salvador de Chora, por sus mosaicos y frescos que allí se conservan. Junto a la Mezquita Azul hallamos el Hipódromo romano construido en el 203 por Séptimo Severo. Teodosio se llevó del Templo de Karnak el monolito de granito rojo con sus 30 metros de altura para erigirlo allí, perteneció a la época del faraón Tutmosis III; destacan en él los relieves del Emperador y sus hijos Arcadio y Honorio, entre los que repartirá definitivamente el Imperio Romano. En la parte sur del Hipódromo también se puede contemplar la columna de bronce del s. X, cuyo metal dorado fue fundido por los cruzados y hoy sólo se conserva su estructura de piedra en forma de tosco obelisco. Llama la atención la columna Serpentina, hecha en bronce para celebrar la victoria de los griegos sobre los persas en el 479 antes de Cristo; estaba dedicada a Apolo en el santuario de Delfos, la imagen representaba tres serpientes enroscadas que simbolizaban a Apolo Pitón, sólo se conserva la cabeza de una de ellas en el Museo Arqueológico de Estambul. Palacios, mezquitas, iglesias y edificaciones pueden observarse esparcidos por esta zona y a lo largo del estrecho del Bósforo.

La zona europea del sur de esta enorme Metrópolis está separada de la anterior, como ya se ha dicho, por el Cuerno de Oro. Esta tierra antiguamente la ocupaban las poblaciones de Gálata y de Pera, transformadas ahora en dos enormes barrios ricos, pujantes y comerciales de Estambul. En esta zona se halla la parte moderna, con los servicios propios de cualquier ciudad de Europa, con calles bien trazadas que coinciden en el centro urbanístico del la plaza de Taksim; de ellas IstiKlal Caddesi es la principal, donde podemos hallar edificios comerciales de marcas nacionales y multinacionales y también transportes públicos modernos. Barrios importantes conforman esta zona; entre ellos conviene destacar el de Besiktas por su famoso Palacio Dolmabache situado a orillas del Bósforo; es un Palacio fastuoso por su inmensa ornamentación en toneladas de oro y plata; de fachada barroca, recubierta con mármoles y dividido en tres zonas, cuyo centro lo ocupa el salón del trono dejando las alas para harén y dependencias oficiales. Es increíble la enorme fortuna esparcida por el interior de este monumental edificio.

Otras edificaciones interesantes son: La Torre Gálata, que data de tiempos del emperador Justiniano; el monasterio Mevlevi, edificado en el s. XVIII y hoy convertido en Museo de Música; la neogótica iglesia cristiana en activo de San Antonio de Padua; las mezquitas de Kiliç Ali Pasa y la de Ortaköy, por citar algunas. Hoteles, Centro Cultural de Ataturk, la Torre Saphire,… Dos puentes conexan la Zona Norte con la Sur: el de Ataturk y el de Gálata, éste último acoge, de principio a fin, una sarta de restaurantes por ambas orillas, eso sí, para turistas, ni que decir tiene; atravesarlo representa un rosario de recitales de cartas y delicias de cada uno de ellos, por si se pica,… con insistencia ininterrumpida, aunque soportable cuando te acostumbras. Al lado del puente Gálata, cocineros, en unas barcas llamativas por su decoración y pintado, van levantando castillos de pescado asado para que los camareros preparen a su vez bocadillos de este sabroso manjar condimentado con salsas y ensalada, a precio módico.

La zona asiática es el equivalente al extrarradio de Estambul, o centro de conexión con la península de Anatolia. Está al otro lado del Bósforo; puentes y ferrocarril la enlazan con el resto metropolitano. La mayor parte de la población es de origen turco y viven en los barrios de Üscüdar y Kadiköy. No está considerada como una zona de atracción turística, pues carece de monumentos destacables. Sin embargo, dicen que es la zona de ambiente más genuino y auténtico de Estambul. Entre sus monumentos se puede citar: la Mezquita del Puerto o de Mihrimah Sultán que es del siglo XVI y fue construida para la hija de Solimán el Magnífico; la Mezquita Nueva del s. XVIII, más conocida como la de Yeni Valide; la Universidad de Mármara, la estación de ferrocarril Haydarpasa, el Palacio Beylerbeyi que se construyó para residencia de los jefes de estado extranjeros, la iglesia de Pammakaristos del s. XII, etc.

La primera sensación que Estambul puede producir a los occidentales, tal vez sea la de una ciudad enormemente populosa, invertebrada, ruidosa, que no se puede dar un paso sin que no tengas a alguien detrás diciéndote excelencias o intentando venderte algo aunque sea nimio. Si a esto se le añade la peculariedad de que nos van a estafar, sobre todo cuando indican al comprador timorato que sea quien ponga el precio, llegan a abrumar y agobiar en exceso. Nuestra cultura ya no sabe discutir el valor de una compra, ni siquiera de ajustar el precio de un taxi, pues estamos acostumbrados a que los precios marcados son fijos. En Estambul esto no es así, de todo y por todo se debe regatear, y aún haciéndolo, siempre te queda el gusanillo de si has acertado o no. En restaurantes, bares, comercios, etc. siempre se tiene a alguien detrás con ciertas exigencias y piensas: esta Ciudad es un caos, ni siquiera dan la oportunidad de estar tranquilos sentados en una terraza. Cuando se está allí varios días esta sensación desaparece.

Viladomat, un pintor del 11 de septiembre de 1714

El paseo de Lluís Companys, conocido antes con el nombre de Víctor Pradera y también paseo de San Juan, termina en El Arco de Triunfo que ha quedado como símbolo histórico y puerta de acceso al recinto donde se realizó la Exposición Universal de 1888 de Barcelona. Este paseo es uno de los lugares más bellos de la Ciudad Condal; está ubicado delante del Parc de la Ciutadella y adornado con farolas modernistas del barcelonés Pere Falqués y Urpí; este arquitecto quizás sea más conocido por las farolas del paseo de Gracia, pero se le conoce también, entre otras obras, por el monumento a Rius i Taulet donde se inicia esta avenida. A ambos lados del monumento dedicado a tan insigne personaje y promotor de la Barcelona universal, podemos admirar las estatuas del gran caballero y aventurero Roger de Flor y la del artista barroco Antoni Viladomat y Manald. Quien no conoce la pintura de Viladomat y quiere disfrutar de ella, puede hacerlo porque este año se le está dedicando una exposición múltiple en el Museo de Arte de Girona, en el Museo Diocesano y Comarcal de Lleida, en el Museo de Mataró y el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Antoni Viladomat goza desde el último cuarto del siglo XIX de una amplia bibliografía y ocupa lugar en la Galería de Catalanes Ilustres en la Real Academia de Buenas Letras. En su época fue famoso, siendo elogiado por el académico del siglo XVIII Anton Raphael Mengs. Viladomat entró de aprendiz del pintor Juan Bautista Perramon los nueve años de edad, cuando todavía Cataluña era un estado. Más tarde colaboró ​​con el pintor italiano Ferdinando Galli «Bibiena» decorando la iglesia de San Miguel, hoy desaparecida; ya que Bibiena era el artista más destacado de la corte del archiduque Carlos III en Barcelona, esta colaboración fue muy positiva tanto para su formación como para su economía, pues su producción fue creciendo. También su prestigio fue en aumento debido a los litigios con éxito que mantuvo con el Colegio de Pintores de Barcelona porque el consideraba de un espíritu gremial y artesano. Esta circunstancia hizo que su taller se consolidara y fuera lugar de formación para muchos pintores y artistas.

Su producción como pintor fue muy abundante, pero una buena parte importante de su obra se ha perdido. Sin embargo, se conserva una cantidad importante como para catalogar su personalidad artística. En el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) se recoge un conjunto de dibujos de calidad excelente; los cuadros de las «Estaciones», de naturalezas muertas y otras de temática religiosa, especialmente los cuadros sobre San Francisco, pintados para el convento de los franciscanos de Barcelona. En la capilla de los Dolores de Santa María de Mataró, se puede encontrar un conjunto de cuadros representativos del barroquismo catalán: los «Dolores de la Virgen» formando un tema único con ángeles y apóstoles, evangelistas y santos que se complementan con pinturas murales al temple que recubren la bóveda y las paredes laterales de la capilla. Viladomat en los cuadros de vida religiosa nos muestra una inspiración sobria, casi mística, con una serenidad impropia del barroquismo peninsular; quiere huir de los sentimentalismos exagerados con una técnica expresiva, natural y elegante.

El pintor catalán logró esta técnica tan precisa gracias a su trabajo, utilizando bocetos, dibujos y un estudio cuidadoso de la composición en escena. Su dibujo demuestra un fuerte conocimiento del natural, formando parte del ambiente y paisaje catalán, y de la luz mediterránea. Sus excelentes cualidades artísticas han visto quizás un poco mermadas debido a sus posibilidades económicas. Hay piezas que nos hablan del genio que llevaba dentro, mientras que otros nos hablan de la necesidad del pan de cada día.

Viladomat fue un gran y excelente pintor barcelonés; el mejor pintor catalán de su tiempo: Barcelona lo reconoce así y le dedica una gran calle del Eixample. Fue un hombre marcado por los hechos de 1714, pues nació en una tierra llena de instituciones, lengua y leyes propias, pero murió en una simple provincia. «Viladomat tuvo las virtudes y los defectos que podía tener cualquier artista» dentro de la época que le tocó vivir. Las instituciones actuales catalanas recogen la obra del artista más relevante de su tiempo, dentro del marco del «Tricentenario de los Hechos».

Jackson Pollock

La mayoría de los artistas siguen el estilo propio de la época en la que se encuentran. Pero esto no siempre sucede así; es más, muchos prefieren seguir el de la época anterior y hasta lo que tienen una personalidad muy fuerte, crean su estilo propio. Este es el caso de Paul Jackson Pollock, mejor conocido como Jackson Pollock (Wyoming, EEUU 28/1/1912 – Nueva York, EEUU 11/8/1956).

Fue un importante e influyente pintor americano y una destacada figura en el movimiento del Expresionismo abstracto. Empezó su carrera artística pintando obras de pequeño formato encerrado en un taller, como mucho otros artistas de la época, hasta que se dio cuenta de que en esas pequeñas obras no podía expresar todo lo que quería, y así empezó a realizar obras de gran formato, haciendo servir todo su cuerpo como instrumento de pintura aunque también la paleta y el pincel. De este modo, toda la energía y fuerza de su cuerpo quedaba expresada en sus lienzos.

Su estilo pronto fue reconocido por el hecho de ir salpicando la pintura. Así se introdujo en el uso de pintura líquida, utilizando como técnica la de verterla como una técnica sobre sus lienzos de principios de 1940. Comenzó a usar además como instrumentos pinceles endurecidos, varas y jeringas; quizá por primera vez, hizo empleo de pinturas de resina sintética, llamada barniz alkyd, que era novedosa en esa época.

En sus obras no había un centro de fuga, como punto principal de referencia en el que fijarse; sino que eran rayas y manchas, unas encima de las otras, mezclas de colores y salpicaduras sin ningún objetivo en concreto. Pollock iba pintando hasta conseguir un buen resultado.
La técnica de Pollock de verter y salpicar pintura es reconocida como uno de los orígenes del action painting (pintura de acción) ya que involucraba todo el cuerpo, de este modo el artista se podía expresar al máximo.

Pollock firmó un contrato con Peggy Guggenheim en julio de 1943. Recibió una comisión para crear Mural (1943), de 8 pies de altura y 20 pies de longitud, para implantarlo en la entrada de la nueva casa de Guggenheim. A sugerencia de su amigo y consejero Marcel Duchamp, Pollock pintó esta obra en un lienzo en lugar de la pared para que fuera portátil.

Este gran artista creyó conveniente el hecho de dejar unas obras sin título y otras de dejarlas simplemente enumeradas, como por ejemplo –una de las más importantes- la “Número 1”. De esta forma, el autor conseguía evadir la búsqueda de elementos figurativos por parte del espectador. Pollock prefería que cada uno dejara volar la imaginación hasta encontrarle su propia explicación, en vez de tener todos una misma sensación de la obra y buscarle ése mismo sentido. El autor creía que los números eran neutrales, y por eso permitían a las personas ver la pintura por lo que es – pintura pura.

Pollock destacó en el mundo del arte; gracias a su propio estilo, a su gran imaginación y al valor del colorido. El verano se presenta propicio para buscar algunas de sus obras y dejar volar nuestra imaginación.

Antoni Tàpies, máximo representante catalán del informalismo.

Muchos de nosotros hemos visto obras de este autor y nos hemos preguntado; ¿Qué representa?, ¿Cuál es su significado real?…Y es que a veces es difícil saber qué es lo que nos está intentando transmitir, ya que según el estilo de la obra o según él mismo, el significado puede llegar a ser más o menos complejo. Esto pasa a menudo con Antoni Tàpies (Barcelona 13 de diciembre del 1923–6 de febrero de 2012).

Tàpies está considerado como uno de los principales exponentes a nivel mundial del informalismo que, con su formación autodidacta, creó un estilo propio dentro del vanguardismo del siglo XX, en el que se combinaban en un estilo abstracto la tradición y la innovación, lleno de simbolismo, dando gran relevancia al sustrato material de la obra. Tàpies se situó dentro de la denominada “pintura matérica” , también conocida como “art brut”, que se caracteriza por una gran variedad de materiales heterogéneos en sus pinturas, en sus esculturas,… con las que creó una técnica mixta, muchas veces con materiales de reciclaje como si de Jujol se tratara: papel, tela, cuerdas, trapos y hasta trozos de mobiliario como en el monumento a Picasso…mezclados con materiales tradicionales del arte para buscar un nuevo lenguaje de expresión artística, y tal vez por eso se dice que Tàpies se basaba en el predominio del collage.

También podríamos añadir que era partidario del uso de colores puros y figuras geométricas en sus obras para estar de acuerdo con su filosofía principal: hacer de lo insignificante lo más importante.

Podemos considerar que sus obras más características son las que aplica su mixtura de diversos materiales en muros o paredes, a las que añade distintos signos con sus significados diferentes, similares en cierto aspecto al arte popular conocido hoy en día como el «graffiti».

Las obras de Tàpies contienen signos de una diversidad insaciable, como cruces, lunas, asteriscos, letras, números, figuras geométricas, etc. Para este autor dichos elementos tienen un significado alegórico relacionado con el mundo interior del artista; y así puede evocar temas tan trascendentales como la vida y la muerte o como la soledad, la incomunicación o la sexualidad. Da a cada figura un significado concreto: las letras A y T tanto pueden ser las iniciales de su nombre y apellido (Antoni Tàpies) como la letra principal de Antoni y Teresa (su mujer); la X como misterio (incógnita) o símbolo de las coordenadas del espacio o la lucha de dos fuerzas opuestas y como es habitual para todo el mundo el signo de tachar algo; la M la explica de la siguiente manera:

“Todos tenemos una M dibujada en las líneas de la palma de la mano, lo cual remite a la muerte, y en el pie hay unas arrugas en forma de S; todo combinado era Muerte Segura”. 

Por otro lado, sabemos que Tàpies se basaba en cromatismo muy austero, debido a que generalmente se movía en gamas de colores puros, fríos, terrosos, como el ocre, marrón, gris, beige o negro.

La temática de su obra refleja una gran preocupación por los problemas del ser humano: la enfermedad, la muerte, la soledad, el dolor o el sexo; puesto que se basó en su propia experiencia de la vida. Nos dio una nueva visión de la realidad, siendo ésta más sencilla y cotidiana, pero mostrando siempre su verdadera espiritualidad, difícil de definir. La concepción vital de Tàpies se basaba en la filosofía existencialista, que remarca la condición material y mortal del hombre, la angustia de la existencia, la soledad, la enfermedad, la pobreza, etc. El existencialismo señala el destino trágico del hombre, pero también reivindica su libertad, la importancia del individuo, su capacidad de acción frente a la vida; así, Tàpies pretendía con su arte hacernos reflexionar sobre nuestra propia existencia.

Más tarde, influenciado por el pop-art, empezó a utilizar objetos más sólidos en sus obras, como partes de muebles ya anteriormente mencionados. Sin embargo, la utilización de elementos cotidianos en la obra de este autor no tiene el mismo objetivo que en el pop-art, en Tàpies siempre está presente el sustrato espiritual, la significación de los elementos sencillos como evocadores de un mayor orden universal y no la banalización de la sociedad de consumo y los medios de comunicación de masas propios del pop-art.

Así pues, las obras de Tàpies a simple vista son difíciles de comprender, pero una vez conocemos su significado tienen mucha lógica. El problema es que cuesta entender su estilo y sus características, su idea de lo que quería transmitir y su verdadera filosofía de la vida. Para poder saber todo esto y más, MusGuide nos proporciona toda la información necesaria con la que después podemos ir a la Fundació Antoni Tàpies o al MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) conociendo y entendiendo sus obras.

Antoni Tàpies es un gran artista.

Sorolla, la luz del sol y el mar

sorolla

Cuando se va a contemplar una exposición de una obra pictórica de algún autor considerado famoso o que a uno le llena el espíritu, puede suceder, alguna que otra vez, que las coletillas no siempre coinciden con el visor de nuestra vista en cuanto a colores se refiere. Y uno se pregunta si la apreciación cromática en las diferentes graduaciones que cada color tiene es similar, no idéntica, en todas las personas; a veces se puede cuestionar dicha apreciación del crítico en relación a la del autor. El porqué de este inicio viene dado como consecuencia de la fantástica y extraordinaria exposición que la CaixaForum le dedica a Joaquín Sorolla en su Centro Social y Cultural de Barcelona; exposición que podrá ser visitada hasta el 14 de septiembre.

Sorolla es un amante del mar, de su color cambiante como la luz solar en cada momento del día. El pintor valenciano tiene alma de marinero mediterráneo, el de su tierra; pero lejos de acomodarse en el costumbrismo histórico, como así fue en su época de formación interpretando modalidades académicas; pronto abandona la técnica de dibujante de interiores para lanzarse a la pintura naturalista que le ofrece el exterior, al aire libre, donde da forma a una técnica fluida y de pincelada larga, al estilo de Jules Bastien­Lepage y del alemán Adolf von Menzel; dichos pintores gozaban de paleta clara, factura suelta y pincelada larga, plasmando así con gran maestría los efectos lumínicos, que tanto impresionarán en Joaquín Sorolla.

En sus años de formación siente admiración profunda por Velázquez porque le consideraba próximo a su sensibilidad de vanguardista en cuanto le descubre en el Museo del Prado. También los pintores modernistas catalanes, coetáneos suyos, Ramón Casas y Santiago Rusiñol, interesados como Sorolla en representar los efectos de la luz al aire libre, se decían ser los auténticos herederos de las enseñanzas del gran pintor barroco.

Su suegro, Antonio García que era fotógrafo de profesión, conoce al joven pintor valenciano a través de su hijo Juan Antonio cuando ambos estudiaban en la Escuela de Bellas Artes; conocedor de su talento como pintor, no duda en protegerlo dándole trabajo en su estudio y enseñándole simultáneamente los sistemas del manejo de la luz, el encuadre de la imagen y todos los recursos expresivos que podemos admirar en los cuadros de playa.

Destacan de esta época de pintura histórica: «Otra Margarita», «Y aún dicen que el pescado es caro» y «Triste herencia» entre otras.

Llegó su proyección internacional cuando obtuvo el «Grand Prix» del Pabellón de España y Portugal en la Exposición Universal de París de 1900. A partir de dicha fecha, museos de Luxemburgo, Berlín, Londres, Nueva York,…se interesan por su obra; a pesar de recibir ciertas críticas controvertidas, llega a la cumbre de su fama y éxito después de exponer en Chicago y San Luis.

En cuadros como «Pescadores valencianos», «Comiendo en la barca», «Cosiendo la vela» o «Triste herencia» empieza a manifestar su amor por la pintura al aire libre, a pesar de pintar en ellos cuadros de costumbres; pero determinadas facetas están dominadas por el sol para recrearse en el luminismo que le hará célebre años más tarde. A veces una simple sombrilla marca el encuadre o sirve para filtrar la luz poderosa del sol, del que hay que guarecerse, como sucede en el cuadro «Mediodía en la playa de Valencia», pintado como un mosaico de pequeñas pinceladas y contraluces. Otras veces es la figura la que ocupa la mayor parte del lienzo para dar una visión más fotográfica, como aparece en «Jugando en el agua» o en «Niñas en el mar» o en «Saliendo del baño»,…

Su plenitud como pintor se halla especialmente en los cuadros realizados en las playas valencianas de Jávea y El Cabañal, donde chiquillos forman el enfoque principal y fotográfico bajo un sol abrasador. La luz solar es la única vestimenta que da vitalidad a sus cuerpos, mientras el azul cambiante del mar, según la profundidad de sus aguas o el momento del día, acoge su desnudez como parte integrante de la naturaleza. A veces Sorolla nos lleva hacia una muestra contemplativa del fondo marino bajo unas aguas nítidas y transparentes y los cuerpos de niños «Nadadores», cuyos movimientos y color se diluyen y quedan sutilmente velados en tonos más o menos violáceos y en contraste con las carnes enrojecidas entre manchas blancas de sus hombros expuestos al sol. «Me sería imposible pintar al aire libre despacio aunque quisiera», pues veía que el sol estaba en continuo movimiento cambiándole el color de las cosas y, por ello, sentía necesidad de «pintar deprisa». Los niños para Sorolla están siempre relacionados con el mar, ya para expresar un complejo luminoso de azules y blancos, ya para mostrar imágenes bien enfocadas o desenfocadas como contraluces.

Son fabulosos los cuadros pintados en las playas de Biarritz y de San Sebastián, en los que el viento y el mar parecen rivalizar en la gama de los blancos, como en el lienzo «Instantánea, Biarritz»: el viento racheado agita un mar espumoso y un velo que envuelve la imagen central. En estos lienzos es cuando se asocia la pintura al aire libre con los grandes formatos reservados para pintura de taller; la luz es la encargada de acotar la profundidad espacial para que los elementos del cuadro aparezcan en primer plano, tal como aprendió en el taller fotográfico de su suegro. Sorolla se aparta al mismo tiempo del impresionismo francés ya que la luz para él no es un elemento que conforma los objetos, sino como espectáculo de una naturaleza desbordante y llena de vida.

En la exposición de la CaixaForum «SOROLLA. EL COLOR DEL MAR», se pueden encontrar todos estos efectos tratados aquí sobre la luz y el color. La exposición presenta a Sorolla en las tres etapas de su producción. Desde nuestro punto de vista es una buena ocasión para acercarse a la obra del gran pintor valenciano: el análisis crítico, la temática de los cuadros y los apuntes dedicados a cada uno de ellos merecen una buena visita.

Sagrada Familia, sus vicisitudes y avatares, y sus arquitectos

Sagrada Familia de Barcelona
Sagrada Familia de Barcelona

Quienes conocieron a Antonio Gaudí afirman de él que, nada más al inicio de su carrera como arquitecto, consideraba que no se llegaba a la cumbre de la arquitectura mientras no se lograra edificar una gran iglesia. En esto coincidía bastante con la novela «Los pilares de la tierra» de Ken Follet y, posiblemente también, con todos aquellos grandes maestros que en la Edad Media recibieron el encargo de su sueño dorado: construir una catedral. Pere Montagut fue uno de ellos, pues se le llamó a construir la gran basílica del barrio barcelonés de la Ribera «Santa María del Mar» o como Ildefonso Falcones la titula en su preciosa y recomendada novela «La Catedral del Mar». Por si alguien sintiera interés por conocer más a fondo su historia, sus calles y plazas, y los palacios de esta zona barcelonesa, Musguide tiene también la ruta cultural «Santa María del Mar y la Ribera» que nos da todo tipo de detalles, sobre este edificio gótico, considerado con creces el mejor templo catalán en este estilo, y también de los palacios y casas señoriales de los alrededores. Todos quienes emprendieron una obra de tamaña dimensión, sabían en conciencia que ellos eran los iniciadores, pero que su obra tendría continuidad gracias a otros arquitectos venideros; aunque fueran tan jóvenes como el arquitecto de Reus a quien en 1883, cinco años después de obtener su título, le propusieran la continuidad de seguir el proyecto de un templo neogótico que un año antes había iniciado D. Francisco de Paula del Villar en honor de la Sagrada Familia. Gaudí aceptó sin hacer otro proyecto nuevo, no era necesario, lo llevaba en su mente privilegiada, en su espíritu de artista, en su alma cristiana.

El templo expiatorio de la Sagrada familia necesitó arquitectos con la genialidad y el espíritu sensible, sencillo, humilde, similar al  del gran arquitecto Antonio Gaudí. Es más, él era consciente de que su vida era limitada, y por eso puso todo su empeño en intentar dejar a sus continuadores un portal completamente acabado para que les sirviera de ejemplo; no pudo ser en su totalidad debido a su desgraciado accidente mortal.

Los que le siguieron respetaron su proyecto y la interioridad religiosa del Maestro. En la Fachada del Nacimiento, Gaudí había dejado su testamento y su ayudante y discípulo: el arquitecto Domènech Sugranyes cumplió con toda fidelidad su legado y tanto él como sus sucesores llevaron a cabo su visión arquitectónica. Todos ellos tuvieron que salvar problemas y dificultades no previstos, como si se quisiera cumplir al pie de la letra lo que a menudo repetía Gaudí «en la Sagrada Familia todo es providencial»: problemas económicos, dos guerras, incendios, incógnitas técnicas,… que se fueron solucionando con la aparición de un fragmento de una maqueta original, unos documentos inéditos, aportaciones generosas en momentos de graves apuros económicos, y un largo etc. Gaudí ya tuvo muchos problemas en vida con las ordenaciones urbanísticas, pues ya en 1916 tuvo que presentar una alegación documentada ante el Ayuntamiento de Barcelona por las remodelaciones que poco a poco se iban efectuando en el entorno del futuro templo. Estos problemas continuaron y continúan existiendo, aunque por el momento se callen, como por ejemplo el túnel del AVE que pasa a cuatro metros de distancia de los cimientos en la calle de Mallorca; el Ayuntamiento así lo quiso a pesar de la opinión de la UNESCO y del Ministerio de Fomento; cuando intervino la Justicia el túnel ya estaba acabado.

Sugranyes continuaría haciéndose cargo del Templo como arquitecto director hasta 1936. Con la Guerra Civil Española se detuvieron las obras hasta 1944 que se hizo cargo de ellas Francesc de Paula Quintana; éste, además de haber dirigido la exposición de homenaje a Gaudí en la Sala Parés, le tocó reorganizar la Junta del Templo y tuvo que recomponer todos los desperfectos hechos en 1936, que afectaron sobre todo a las maquetas. En 1957 la Junta Constructora celebró el 75 aniversario de la primera piedra de la Basílica con un viaje de peregrinación a Roma; fue recibida por Pío XII y dio su apoyo a continuar las obras. Se decidió construir la Fachada de la Pasión y hacer una colecta anual para intentar tener construidos los cuatro campanarios en 1976. Primero, Isidro Puig tomó el encargo de llevar adelante las obras hasta 1974 y luego Lluís Bonet i Garí las continuó. Para la construcción de la Fachada se basaron en un dibujo de Gaudí y en las explicaciones que les había dado ya que fueron discípulos suyos. Hubo campañas en contra de la continuidad de la obra; contra todo y contra todos, tanto fueran nacionales como extranjeros, siguieron construyendo el Templo, a pesar de la penumbra e incerteza económica, con voluntad férrea, tirando adelante el gran proyecto de un genio, de un arquitecto que quiso construir la primera catedral de un nuevo estilo, que tal vez sea también la última. Cabe destacar que un mejicano de padres catalanes ofreció a la Junta del Templo una cantidad anual equivalente a la que se recogiera en cada colecta; siendo niño acompañó a su padre a visitar las obras de la Sagrada Familia.

En 1983 el arquitecto Francesc de Paula Cardoner dirigió la construcción, después de haber sido elegido por Lluís Bonet i Armengol que ocupaba el cargo de director general de Patrimonio Cultural y Artístico de la Generalitat de Catalunya. Se elegiría en 1986 al gran escultor Josep Mª Subirachs para decorar toda la nueva Fachada integrando su escultura a la arquitectura de Gaudí, pero con las características de su propio estilo y creación: hizo en piedra una auténtica tragedia griega narrativa sobre los últimos momentos de la vida de Cristo; hasta aprovechó las puertas de bronce para mayor realce de su narración. La Junta Constructora el año 2009 le encargó las siete puertas de la Fachada de la Gloria. Por ese entonces ya era el arquitecto Jordi Bonet i Armengol, hijo de Lluís Bonet, quien dirigía las obras, aligerándolas lo máximo posible para que estuviera a punto a fin de que el papa Benedicto XVI celebrara la eucaristía de la consagración de Basílica Menor el 7 de noviembre de 2010.

Para mayor información sobre el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia pueden acudir a Musguide ruta «Templo Expiatorio de la Sagrada Familia».

Nota: las basílicas pueden ser mayores o menores. Las mayores sólo están en Roma, pues únicamente en ellas el celebrante lo es el papa. Antes los papas no se movían de la Ciudad Eterna.

La noche de los museos abiertos

Existen iniciativas que valen la pena conservar y especialmente aquellas que están relacionadas con la cultura.

La nit dels museus oberts. La noche de los museos abiertos. The night of the museums. Nuit européenne des musées.
La nit dels museus oberts.
La noche de los museos abiertos.
The night of the museums.
Nuit européenne des musées.

La actividad cultural con letras mayúsculas que se viene celebrando en Barcelona desde hace unos años, La Noche de los Museos Abiertos, es digna de elogio; y, precisamente por eso, estaría muy bien que se convirtiera ya en una costumbre y sirviera de ejemplo a otras poblaciones donde todavía no han probado esta iniciativa. Ver las colas que se forman pacientemente para entrar en tal o cual museo, hace que uno se sienta agradecido a las personas que tuvieron una idea tan feliz. Es un respiro para soñar que no toda la sociedad se mueve por inercia del materialismo ni tampoco por las novedades tecnológicas exclusivamente, que de esto mucho hay.

En una noche así nacen muchas oportunidades en una ciudad con tanta historia a cuestas como Barcelona. Se puede uno mover entre los años de oro de la Corona de Aragón y empaparse del legado medieval que hemos recibido como herencia. Quienes visitan, por ejemplo, el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, no sólo tienen la oportunidad de conocer sus orígenes o las importantísimas piezas que allí se guardan, sino también de disfrutar del entorno del lugar donde se halla; pero sobre todo de una serie de edificaciones donde está instalado y que nos abre sus puertas para que podamos contemplar su interior. Así pues, el acceso se realiza por una mansión que se había construido en el siglo XV y XVI en un lugar ajeno al que ahora ocupa, pero que, al ser trasladado piedra a piedra, dio origen al descubrimiento de la Barcino romana y visigoda; (quienes sientan curiosidad por conocer cómo vivían los hispanorromanos, cómo eran sus establecimientos comerciales, etc. en Barcino, pueden entrar en Musguide y elegir la ruta «La Catedral de Barcelona y sus Alrededores»). A sus instalaciones pertenecen también la elegante capilla de Santa Ágata del año 1302, el famoso Salón del Tinell construido en sólo 3 años por el rey Pedro el Ceremonioso entre 1359 y 1362, como así también el Palacio Real.

Hubo una época en que Barcelona fue capital de uno de los mayores imperios comerciales del Mediterráneo. Se crearon grandes fortunas entre la población burguesa; la Ciudad, amurallada, carecía de terreno edificable; grandes comerciantes y navegantes de la población civil y de la nobleza buscaron en los poblados cercanos lugares donde edificar sus palacios, compitiendo entre ellos para lograr el palacio más suntuoso. Eligieron la calle de Montcada perteneciente a la población de La Ribera o de Santa María del Mar. La Noche de los Museos ofrece la oportunidad de poder visitar varios de estos palacios por dentro, al mismo tiempo que se visita el Museo Picasso que ocupa 5 de los edificios allí levantados con el dinero de las grandes fortunas burguesas. (Recomendamos entrar en Musguide y elegir la ruta «Santa María del Mar y la Ribera»).

En los monasterios siempre se respira la paz y la tranquilidad de lo que fue la vida cenobial. Los siglos caen encima de quienes los visitan. La Noche de los Museos permite conocer un monacato de estilo gótico catalán situado en el barrio de Sarrià, en la parte alta de la ciudad Condal. Durante casi siete siglos y hasta hace muy poco vivieron en este Monasterio las monjas de clausura las hermanas Clarisas. Una vida de silencio dedicada a la oración. Este silencio impregna sus piedras, su claustro, sus celdas, su capilla, y hasta la calle que conduce hasta él. Vale la pena visitar sus dependencias como la sala capitular, la cocina, el refectorio, la bodega, las celdas,…para tener una idea de cómo era la vida de tan admiradas monjas.

Museuming
Museuming all the day.

Son tantos y tantos los museos a visitar según los gustos de cada cual que no tendríamos espacio para dedicarnos a todos ellos. El objetivo de hoy es el de dar a conocer una iniciativa municipal que a todos los que amamos la cultura nos tiene que parecer loable y aprovechar la belleza que nos ofrece su arquitectura e interiores de muchos museos.

Y si queréis hacer Museuming siempre todos los días del año, no dudéis a entrar en Musguide y a disfrutar de sus contenidos artísticos y culturales.

El 17 de mayo de 19h a 1h los contenidos serán gratuïtos, apoyando la iniciativa de la Noche de los museos.

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El Templo expiatorio de la Sagrada Familia

Fachada de la Pasión. Sagrada Familia
Fachada de la Pasión. Sagrada Familia en Barcelona

Cuando en 1910 se iba a presentar la maqueta de la Fachada del Nacimiento a la Exposición de París, arquitectos que colaboraban con Antoni Gaudí en la construcción de la Obra le preguntaron qué tendrían que contestar si les preguntaban por el estilo en el que se hacía el Templo. Gaudí les contestó que respondieran que estaban intentando hacer «una mejora del gótico». Y evidentemente el gran Maestro hizo una mejora tan grande del gótico que creó un estilo nuevo: una alegoría trasladada a la arquitectura en forma de un lenguaje simbólico escrito en cada piedra. Un espíritu tan lleno de religión, de misticismo y de biblia necesitaba dejar un testimonio de sus creencias esculpido en las paredes exteriores del Templo. Este espíritu fue muy bien interpretado por los arquitectos que continuaron la construcción de esta gran obra de arte, tal como Gaudí quería. La nueva arquitectura continúa con fidelidad el pensamiento gaudiniano, aunque haga servir, como es normal, técnicas propias de nuestro tiempo. A todo esto tenemos que adjuntar la creatividad del gran Josep Mª Subirachs; el escultor transformó la Fachada de la Pasión en una representación de una gran tragedia de estilo clásica: cada grupo escultórico habla por sí mismo, no es necesario más.

Todos los que vienen a visitar la ciudad de Barcelona quieren ver con sus propios ojos las maravillas que oyeron explicar del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Los que vivimos en la Ciudad entendemos que es normal. La Sagrada Familia a nadie deja indiferente, las personas que se acercan abren desmesuradamente los ojos y expresan un ¡oh! de admiración cuando ven el Templo. Los visitantes llenan los alrededores, las facadas las plazas,…y por tanto, no siempre es fácil poder estar recreándose en contemplar una obra tan llena de simbolismos, como por ejemplo la letra M inicial de María entre el portal de la Caridad y el de la Fe, o los signos del zodíaco, o la naturaleza exhuberante de la Fachada del Nacimiento, etc.

La ruta que presentamos en Musguide del templo de La Sagrada Familia intenta ser una ayuda por medio de la imagen y de texto explicativo para exponer las particularidades más esenciales de cada fachada e intentar dar una pauta para poder conocer los misterios que pretendía Gaudí mediante los diversos simbolismos.

Muchas veces será necesario poner un punto de abstracción a todo el conjunto para así fijar la vista en los detalles, uno tras otro, para extraer el jugo de toda la propuesta representativa que el Arquitecto quiso dejar impreso en la piedra arenosa de Montjuïc.

Musguide invitada en la sesión del Fòrum TurisTIC 2014, con la ponencia «La cultura está en tus manos».

El Forum TurisTIC reúne a 1.400 congresistas

Musguide une a los amantes del arte

Empresas e instituciones de los sectores turístico y tecnológico han compartido a lo largo de dos días experiencias y tendencias para hacer más rentable y competitiva toda la cadena de valor.

1.400 congresistas presenciales y 700 online han seguido la segunda edición del ForumTurisTIC. El congreso ha sido organizado por el centro tecnológico Barcelona Digital para dar a conocer experiencias y tendencias para hacer más rentable y competitiva toda la cadena de valor de uno de los principales sectores de la economía catalana a partir de las tecnologías digitales.

El segundo día del congreso ha estado enfocado a la búsqueda de nuevos mercados, a la importancia de desarrollar y cultivar relaciones en red, recomendaciones y reputación online, la tendencia peer to peer (o cómo los ciudadanos comparten su conocimiento para crear mejores experiencias de ocio) y conocer las aplicaciones más interesantes y creativas del sector turístico.

Las apps más novedosas enfocadas al turismo se han mostrado en la sesión Apps shots. Entre ellas, algunas dirigidas a que las propias empresas de servicios turísticos creen su propia app a partir de sus preferencias o sus servicios, otras enfocadas al mundo cultural (Musguide o la app del Park Güell) u otros multicanal, como el app de Logitravel, presentada en primicia en el Forum TurisTIC.

Musguide: La tecnología al servicio del arte y la cultura.

  •  Una gran galería de exposiciones y rutas culturales en una sola app, para disfrutarlas cuando quieras, donde quieras y como quieras.
  •  Una comunidad y red social de arte y cultura, que abarca y relaciona a los diferentes agentes artísticos y culturales.
  • Una mejor experiencia turística y cultural, para poder disfrutar de una experiencia más completa y enriquecedora durante la visita, gracias a la ampliación de contenidos mediante vídeo, sonido, realidad aumentada, geolocalización,…

MusLike!

Aquí os mostramos la presentación de Musguide:


Barcelona viva

L'Hospital de Sant Pau

Barcelona es atractiva en su variedad constante y por ello se sintió encorsetada en demasía hasta que el empeño de unos hombres sagaces le permitieron, no sin temor, romper sus murallas ancestrales. La libertad le dio alas de vuelo y ahí empezó su inconformismo porque quería adaptarse con plenitud a todo lo nuevo que corría por Europa; y no, como hasta entonces, viviéndolo de lejos. Envidiaba todo lo que se cocía en París o en Londres o en cualquier otra ciudad adelantada de Europa; luchó, luchó y luchó; pero valió la pena, pues también pudo capitalizar exposiciones, ferias, congresos,… para que el espejo en que se miraban las demás ciudades avanzadas se pudiera convertir también en espejo propio.

 Por su afán constante fue capital de juegos deportivos como los del Mediterráneo; obtuvo los Olímpicos por merecimiento propio, pero también porque el olimpismo se sentía deudor con ella a causa de que otros Juegos no fueron posibles por motivos bélicos.

Si el «Art Nouveau» fue para algunas ciudades europeas, contando entre ellas a París, una moda efímera y pasajera en cierto modo, Barcelona transformó este movimiento artístico como si fuera un patrón propio para toda Cataluña, dándole a estas tendencias procedentes de la Capital francesa unas variantes fundamentales y diferenciadas de manera tal que le separan del «Art Nouveau» y se le conoce como Modernismo; a este movimiento alguien lo definió como «el mal gusto más bello que existe», que equivale a decir que su adaptación a la sociedad no fue fácil y por este motivo le llovieron palos por doquier. Las críticas no fueron sólo para las artes plásticas, sino también para la arquitectura y la literatura.

Sin embargo hoy admira este estilo y ya está diseminado por todo el mundo. Siempre que un viandante se pasee por el Quadrat d’Or podrá ver palacios, edificios de viviendas, iglesias, farolas,…y lo que más llama la atención, se puede «pisar modernismo” de manera real; para ello basta con dar una vuelta por el Passeig de Gràcia y las baldosas son un diseño de Antonio Gaudí que se inspiró en motivos marinos: estrellas de mar, conchas y algas están presentes en baldosas hexagonales.

Estos días los diarios notifican que la Ciudad quedará ocupada por más de 75.000 congresistas del Mobile; parece que la ocupación hotelera está al 100%. Muchos dicen que también vienen atraídos por los arquitectos del Modernismo, en especial por Gaudí. A algunos no les importa pagar precios espectaculares por las tres jornadas de duración del Congreso; es más, afirman que por otros congresos en París y Montecarlo las habitaciones les cuestan 5 ó 6 veces más caras. La cocina catalana tampoco se queda atrás y comentan que las tapas son muy apetitosas y entran dentro del menú.

Por otro lado se anuncia que las obras de restauración de la Ciudad-Hospital de San Pablo han llegado a su fin. El modernismo interpretado por el gran arquitecto Lluís Domènech i Montaner ya puede ser visitado con todo su esplendor; es una buena noticia para los amantes de este Arte. El prolífico autor del Palau de la Música nos vuelve a mostrar toda la belleza vegetal en esta sublime obra al mismo tiempo que su interpretación de este arte. Así pues, durante tres semanas podrá ser visitado de puertas abiertas al público. Vale la pena disfrutar de sus arcadas, de sus rosas, de su cerámica,… de una joya preciosa que traslada la cerámica a la arquitectura. Los congresistas del Mobile podrán disfrutar del legado de Domènech i Montaner.