ESTAMBUL, PARADIGMA DE UNA CIUDAD BELLA, EXÓTICA, PERO DE SENSACIÓN CAÓTICA

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IstanbulCuando en el año 324 de la era cristiana el emperador romano Constantino I quiso construir la «Nueva Roma» sobre la antigua ciudad de Bizancio para que fuese la Capital del Imperio de Oriente, emulando a Roma, la dotó de una urbanización tal que pudiera llegar a ser centro administrativo, cultural y religioso; los estigmas propios y naturales de una capital imperial surgida en tierras helénicas. La «Nueva Roma» dejó muy pronto de llamarse así, pues cambió su nombre por el de Constantinopla en honor del gran Emperador. También dejó muy pronto la difícil romanización que Constantino quiso imponer; con la división definitiva del Imperio en el año 395 se helenizó volviendo a sus orígenes de ciudad griega. Por su situación estratégica en el mundo romano oriental fue fortificada, en primer lugar por Constantino y después por Teodosio, con las murallas que todavía hoy podemos contemplar. Si Constantinopla ya había quintuplicado en extensión desde sus orígenes a Bizancio, con el emperador Justiniano llegó a su máximo esplendor en habitantes, en palacios y monumentos civiles y religiosos, entre ellos el templo patriarcal de Santa Sofía (Aga Sofia actual); inmensas obras de ingeniería, bibliotecas, acueductos, monumentos artísticos y lúdicos han llegado hasta nosotros a pesar de los grandes avatares que la Ciudad tuvo que soportar en el transcurso de tantos siglos. El mundo islámico quiso también dejar su sello, embelleció todavía más la Ciudad y la islamizó: corría el año 1453 cuando el sultán Mehmet II se apoderó de Constantinopla al mando del ejército turco. Este hecho hizo cambiar el rumbo de la Historia, de la Sociedad, de la Humanidad. A partir de entonces los tiempos futuros descubrirían avances, enigmas y descubrimientos. El 29 de mayo de dicho año desapareció el último reducto del Imperio Romano de Oriente, Bizancio, quemado en aras del Imperio Turco: a partir de ahora Constantinopla se llamará Estambul (el nombre viene del griego «eis ten polin» «hacia la ciudad», istenpoli, istambol, istambul).

Estambul continuará siendo la capital de otro imperio, el otomano, hasta el año 1923 en que se fundó la ciudad de Ankara en tiempos de Ataturk. En sucesivos califatos otomanos, Estambul es orlada de majestuosas edificaciones civiles, militares y sobre todo religiosas. Prácticamente hemos de decir que la mayoría de los monumentos anteriores a la conquista otomana se conservaron transformados para las nuevas creencias, se mudaron de credo, se imitaron rindiendo culto a las culturas que formaron la Ciudad, excepto en algunos casos: la Mezquita del sultán Ahmet, más conocida como la Mezquita Azul debido al color de sus impresionantes azulejos, fue construida sobre los cimientos del palacio de los emperadores bizantinos; dicho Sultán quiso la construcción de una mezquita que superara a la inigualable Santa Sofía. Ambas son un exponente admirable del arte en versión geométrica; unos modelos al natural para los arquitectos renacentistas de Italia.

La antigua y populosa Capital de Turquía está repartida en tres zonas bien delimitadas: dos europeas, separadas por una pequeña ensenada puntiaguda llamada «Cuerno de Oro», y otra asiática. Entre sus costas se encierra el mar de Mármara (mármol); dos paisajísticos estrechos guardan este mar: el Bósforo lo separa del mar Negro, mientras que el Dardanelos del Egeo.

La zona europea del norte ocupa la parte más histórica, turística y antigua de la Ciudad, corresponde a la antigua Bizancio griega sobre la que se construyó Constantinopla: va desde el Bósforo hasta las murallas de Teodosio o «bizantinas» como allí se dicen. Empieza en el Palacio de Topkapi, una especie de alcázar maravilloso que encierra una ciudad medieval, un complejo de salones y dependencias múltiples donde el lujo y la opulencia son testimonios de una sociedad señorial; todo está distribuido, según el gusto islámico, por patios; hasta las cocinas hablan del esplendor señorial. Este Palacio, parque incluido, se halla en las inmediaciones de la estación ferroviaria de Sirkeci. Cercanos al Palacio Topkapi se hallan los monumentos de Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Museo de Arte Turco e Islámico, la Mezquita y la Torre de Beyazit. La Cisterna Yerebatán o Cisterna Basílica es un enorme aljibe de 336 columnas con capiteles corintios del s. VI, destacan las bases de mármol de dos de ellas -que formaron parte de otra edificación- porque sus relieves vienen representados por medusas clásicas y están colocadas en posiciones distintas para ocupar el hueco. Más alejadas hallamos las Mezquitas de Solimán y Rustem Pasa, cercana ésta al puente de Gálata. También encontramos el acueducto de Valens, el Gran Bazar y el Bazar de las Especias o Egipcio, entre otros muchos edificios notables que se reparten en los más de 6 km. de longitud que ocupa la zona. Debe visitarse el monasterio bizantino, ahora Museo Kariye, de San Salvador de Chora, por sus mosaicos y frescos que allí se conservan. Junto a la Mezquita Azul hallamos el Hipódromo romano construido en el 203 por Séptimo Severo. Teodosio se llevó del Templo de Karnak el monolito de granito rojo con sus 30 metros de altura para erigirlo allí, perteneció a la época del faraón Tutmosis III; destacan en él los relieves del Emperador y sus hijos Arcadio y Honorio, entre los que repartirá definitivamente el Imperio Romano. En la parte sur del Hipódromo también se puede contemplar la columna de bronce del s. X, cuyo metal dorado fue fundido por los cruzados y hoy sólo se conserva su estructura de piedra en forma de tosco obelisco. Llama la atención la columna Serpentina, hecha en bronce para celebrar la victoria de los griegos sobre los persas en el 479 antes de Cristo; estaba dedicada a Apolo en el santuario de Delfos, la imagen representaba tres serpientes enroscadas que simbolizaban a Apolo Pitón, sólo se conserva la cabeza de una de ellas en el Museo Arqueológico de Estambul. Palacios, mezquitas, iglesias y edificaciones pueden observarse esparcidos por esta zona y a lo largo del estrecho del Bósforo.

La zona europea del sur de esta enorme Metrópolis está separada de la anterior, como ya se ha dicho, por el Cuerno de Oro. Esta tierra antiguamente la ocupaban las poblaciones de Gálata y de Pera, transformadas ahora en dos enormes barrios ricos, pujantes y comerciales de Estambul. En esta zona se halla la parte moderna, con los servicios propios de cualquier ciudad de Europa, con calles bien trazadas que coinciden en el centro urbanístico del la plaza de Taksim; de ellas IstiKlal Caddesi es la principal, donde podemos hallar edificios comerciales de marcas nacionales y multinacionales y también transportes públicos modernos. Barrios importantes conforman esta zona; entre ellos conviene destacar el de Besiktas por su famoso Palacio Dolmabache situado a orillas del Bósforo; es un Palacio fastuoso por su inmensa ornamentación en toneladas de oro y plata; de fachada barroca, recubierta con mármoles y dividido en tres zonas, cuyo centro lo ocupa el salón del trono dejando las alas para harén y dependencias oficiales. Es increíble la enorme fortuna esparcida por el interior de este monumental edificio.

Otras edificaciones interesantes son: La Torre Gálata, que data de tiempos del emperador Justiniano; el monasterio Mevlevi, edificado en el s. XVIII y hoy convertido en Museo de Música; la neogótica iglesia cristiana en activo de San Antonio de Padua; las mezquitas de Kiliç Ali Pasa y la de Ortaköy, por citar algunas. Hoteles, Centro Cultural de Ataturk, la Torre Saphire,… Dos puentes conexan la Zona Norte con la Sur: el de Ataturk y el de Gálata, éste último acoge, de principio a fin, una sarta de restaurantes por ambas orillas, eso sí, para turistas, ni que decir tiene; atravesarlo representa un rosario de recitales de cartas y delicias de cada uno de ellos, por si se pica,… con insistencia ininterrumpida, aunque soportable cuando te acostumbras. Al lado del puente Gálata, cocineros, en unas barcas llamativas por su decoración y pintado, van levantando castillos de pescado asado para que los camareros preparen a su vez bocadillos de este sabroso manjar condimentado con salsas y ensalada, a precio módico.

La zona asiática es el equivalente al extrarradio de Estambul, o centro de conexión con la península de Anatolia. Está al otro lado del Bósforo; puentes y ferrocarril la enlazan con el resto metropolitano. La mayor parte de la población es de origen turco y viven en los barrios de Üscüdar y Kadiköy. No está considerada como una zona de atracción turística, pues carece de monumentos destacables. Sin embargo, dicen que es la zona de ambiente más genuino y auténtico de Estambul. Entre sus monumentos se puede citar: la Mezquita del Puerto o de Mihrimah Sultán que es del siglo XVI y fue construida para la hija de Solimán el Magnífico; la Mezquita Nueva del s. XVIII, más conocida como la de Yeni Valide; la Universidad de Mármara, la estación de ferrocarril Haydarpasa, el Palacio Beylerbeyi que se construyó para residencia de los jefes de estado extranjeros, la iglesia de Pammakaristos del s. XII, etc.

La primera sensación que Estambul puede producir a los occidentales, tal vez sea la de una ciudad enormemente populosa, invertebrada, ruidosa, que no se puede dar un paso sin que no tengas a alguien detrás diciéndote excelencias o intentando venderte algo aunque sea nimio. Si a esto se le añade la peculariedad de que nos van a estafar, sobre todo cuando indican al comprador timorato que sea quien ponga el precio, llegan a abrumar y agobiar en exceso. Nuestra cultura ya no sabe discutir el valor de una compra, ni siquiera de ajustar el precio de un taxi, pues estamos acostumbrados a que los precios marcados son fijos. En Estambul esto no es así, de todo y por todo se debe regatear, y aún haciéndolo, siempre te queda el gusanillo de si has acertado o no. En restaurantes, bares, comercios, etc. siempre se tiene a alguien detrás con ciertas exigencias y piensas: esta Ciudad es un caos, ni siquiera dan la oportunidad de estar tranquilos sentados en una terraza. Cuando se está allí varios días esta sensación desaparece.

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