
Barcelona es atractiva en su variedad constante y por ello se sintió encorsetada en demasía hasta que el empeño de unos hombres sagaces le permitieron, no sin temor, romper sus murallas ancestrales. La libertad le dio alas de vuelo y ahí empezó su inconformismo porque quería adaptarse con plenitud a todo lo nuevo que corría por Europa; y no, como hasta entonces, viviéndolo de lejos. Envidiaba todo lo que se cocía en París o en Londres o en cualquier otra ciudad adelantada de Europa; luchó, luchó y luchó; pero valió la pena, pues también pudo capitalizar exposiciones, ferias, congresos,… para que el espejo en que se miraban las demás ciudades avanzadas se pudiera convertir también en espejo propio.
Por su afán constante fue capital de juegos deportivos como los del Mediterráneo; obtuvo los Olímpicos por merecimiento propio, pero también porque el olimpismo se sentía deudor con ella a causa de que otros Juegos no fueron posibles por motivos bélicos.
Si el «Art Nouveau» fue para algunas ciudades europeas, contando entre ellas a París, una moda efímera y pasajera en cierto modo, Barcelona transformó este movimiento artístico como si fuera un patrón propio para toda Cataluña, dándole a estas tendencias procedentes de la Capital francesa unas variantes fundamentales y diferenciadas de manera tal que le separan del «Art Nouveau» y se le conoce como Modernismo; a este movimiento alguien lo definió como «el mal gusto más bello que existe», que equivale a decir que su adaptación a la sociedad no fue fácil y por este motivo le llovieron palos por doquier. Las críticas no fueron sólo para las artes plásticas, sino también para la arquitectura y la literatura.
Sin embargo hoy admira este estilo y ya está diseminado por todo el mundo. Siempre que un viandante se pasee por el Quadrat d’Or podrá ver palacios, edificios de viviendas, iglesias, farolas,…y lo que más llama la atención, se puede «pisar modernismo” de manera real; para ello basta con dar una vuelta por el Passeig de Gràcia y las baldosas son un diseño de Antonio Gaudí que se inspiró en motivos marinos: estrellas de mar, conchas y algas están presentes en baldosas hexagonales.
Estos días los diarios notifican que la Ciudad quedará ocupada por más de 75.000 congresistas del Mobile; parece que la ocupación hotelera está al 100%. Muchos dicen que también vienen atraídos por los arquitectos del Modernismo, en especial por Gaudí. A algunos no les importa pagar precios espectaculares por las tres jornadas de duración del Congreso; es más, afirman que por otros congresos en París y Montecarlo las habitaciones les cuestan 5 ó 6 veces más caras. La cocina catalana tampoco se queda atrás y comentan que las tapas son muy apetitosas y entran dentro del menú.
Por otro lado se anuncia que las obras de restauración de la Ciudad-Hospital de San Pablo han llegado a su fin. El modernismo interpretado por el gran arquitecto Lluís Domènech i Montaner ya puede ser visitado con todo su esplendor; es una buena noticia para los amantes de este Arte. El prolífico autor del Palau de la Música nos vuelve a mostrar toda la belleza vegetal en esta sublime obra al mismo tiempo que su interpretación de este arte. Así pues, durante tres semanas podrá ser visitado de puertas abiertas al público. Vale la pena disfrutar de sus arcadas, de sus rosas, de su cerámica,… de una joya preciosa que traslada la cerámica a la arquitectura. Los congresistas del Mobile podrán disfrutar del legado de Domènech i Montaner.
Molt ben lograt aquest texte en aquesta setmana!