Archivos mensuales: marzo 2014

Yo me rebelo, nosotros existimos, mejor exposición de arte contemporáneo del año 2013 en Musguide

La exposición Yo me rebelo, nosotros existimos recibe el premio a la mejor exposición del año 2013 concedido por la asociación catalana de críticos de Arte (ACCA)

A lo largo de la semana la tendremos accesible en Musguide para todos vosotros.

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La asociación catalana de críticos de Arte (ACCA) ha concedido el premio a la mejor exposición de arte contemporáneo del 2013 a Yo me rebelo, nosotros existimos. La exposición, pensada y coordinada por el escritor Martí Sales y por el director de la Fundación Palau Pere Almeda se inauguró a la Fundación Palau el pasado 12 de octubre y se podrá ver hasta el 30 de marzo.
Los premios ACCA son los premios decano de la cultura catalana en el ámbito de las artes y de las exposiciones y este año celebran su trigésima edición. La muestra Yo me rebelo, nosotros existimos, ha sido premiada conjuntamente con la exposición Alberto García-Alix. Autorretrato, comisariada por Nicolás Combarro y presentada en la Virreina.
El proyecto Yo me rebelo, nosotros existimos surge de la voluntad de la Fundació Palau de no permanecer al margen del momento actual de conflicto, lucha y transformación social que estamos viviendo. Fruto de este compromiso e implicación con el presente, el proyecto reúne propuestas de artistas, pensadores y activistas, así como de colectivos y organizaciones que a través de su obra o acción promueven nuevas maneras de transformación social y política.
La exposición se inicia con una instalación audiovisual donde doce personas interpelen al visitante a través de su compromiso y el trabajo que realizan los movimientos sociales en la definición de las alternativas al momento presente. Forman parte de esta instalación Pau Llonch de a PAH, la periodista Marta Sibina de Café con leche, el biólogo Iago Otero, Marc Vives de Somos Energía, Dídac Costa de la Cooperativa Integral Catalana, el activista Esther Vivas, el periodista Guillem Martínez, el escritor y economista Antonio Baños, el arquitecto Santiago Cirugeda, la arquitecta Itziar González, Xavi Teis de la banca ética Coop57 y Roger Palà de Mèdia.cat.
En el siguiente espacio y a través de las obras realizadas por diferentes artistas se muestran nuevas lecturas y respuestas ante los conflictos y las heridas abiertas de nuestra sociedad. Los artistas que presentan obra son: Mireia Sallarès, Núria Güell, Jordi Trullàs, Ruido Photo, Espacio Eulàlia Grau, Xavier Artigas e Itziar Gonzàlez Virós con el Instituto Cartográfico de la Revuelta.

En una sala anexa, Yo me rebelo, nosotros existimos propone una mirada histórica en el proceso colectivista en Cataluña que se produjo en Cataluña del 1936 al 1939, reatando el hilo rojo del pasado con el momento presente.
En el espacio de acceso a la exposición el colectivo Limen cuestiona las relaciones entre contenedores de arte y la cultura, desdibujando los contornos en los cuales se ubica y cuestionando el centro de arte como institución total. También al acceso a la exposición Espacio en blanco hace participar al visitante con su publicación ‘Presentimientos’, una serie de hojas de agitación, de una sola cara, que contienen ideas y pensamientos colectivos.
A lo largo de la muestra la Fundación Palau ha programado una serie de actividades paralelas, conferencias, jornadas de reflexión, acciones reivindicativas, una representación teatral y la producción y presentación de un documental. Por último, en vez de hacer un catálogo de arte al uso, se ha publicado un diario gratuito de gran audiencia y distribución con artículos de los participantes y otros pensadores. Una suma de acciones y actividades que ayudan a hacer visible el trabajo y la crítica que miles de ciudadanos hacen día detrás día en su compromiso por una sociedad más digna y justa.
Podéis consultar el diario en: http://issuu.com/fundaciopalau/docs/diariversioissu/1

Más información:
www.fundaciopalau.cat
Pere Almeda
almedasp@fundaciopalau.cat
Maria Choya
choyamm@fundaciopalau.cat
tel. 93 791 35 93

Premios ACCA 2013:
http://acca.cat/

La conservación de la Catedral de Sevilla y su Giralda

exterior catedral de sevilla

Cuando Fernando III el Santo conquistó Sevilla, ésta era una auténtica metrópoli musulmana; los castellanos no habían visto nada similar en sus tierras ni en ningún otro reino cristiano peninsular. Sevilla era populosa, bien urbanizada, con calles para cada oficio (como sucedía en el barrio barcelonés de Santa María del Mar). El ejército de San Fernando quedó boquiabierto por la abundancia que vieron en sus calles y plazas: había de todo. El rey Fernando la hizo capital de su reino.

Hacía demasiado tiempo que los musulmanes ocupaban aquellas tierras, por lo que los cristianos que residían allí eran muy pocos; se contentaban con tener una iglesia donde poder ofrecer su culto a Dios. Don Fernando opinaba de forma muy diferente; no podía permitir que una ciudad como Sevilla, la mayor de su reino, estuviera huérfana de una catedral y de una cátedra arzobispal. El empeño que puso para conquistar el reducto islámico peninsular y Marruecos para atajar de una vez por todas nuevas invasiones no le permitió un respiro para preocuparse en construir un templo cristiano como el que se estaba haciendo en Burgos; pensó que en aquellos momentos era más importante continuar con sus campañas de conquista. Mientras la mezquita podía servir de catedral como también se había hecho en Córdoba y las generaciones venideras ya se preocuparían de «que se labrara otra iglesia, tal buena que no hubiese igual» (disposición del Cabildo del año 1401).

Las obras para la construcción de la nueva catedral se iniciaron probablemente en 1433 puesto que el Cabildo mandó a un tal maestre Isambret que se le pagaran unos gastos y su sueldo. ¿En razón de qué se hizo? Hasta la fecha el «templo gótico mayor de la cristiandad», según se reza por aquellos pagos, carece del nombre propio de su arquitecto. Y ello tal vez se deba a que no fue una obra iniciada por ningún monarca, ni por nadie de la nobleza ni por prelado alguno, sino por el Cabildo para exaltar, tal vez, su propia ambición. A todo ello, sin embargo, hemos de añadir que se conoce que trabajaron en ella Simón de Colonia y Juan Gil de Hontañón.

La catedral, de estilo gótico, ocupa el espacio de la demolida mezquita; es de planta cuadrada dividida en cinco naves sin crucero ni ábsides; la decoración de la Capilla Real es plateresca y tiene innumerables obras de arte en su interior. Llaman la atención: el Monumento funerario dedicado a Cristóbal Colón -¿yacen en él sus restos mortales?- y el Coro. Además se conserva el Minarete de la antigua mezquita, llamado la Giralda: tiene 60 metros de altitud, es de planta cuadrada midiendo su lado 13,60 m; se puede acceder a la parte alta mediante 35 rampas interiores, y hace actualmente de campanario. Este Minarete fue construido a finales del s. XII por los almohades, pero su exterior fue adornado con cerámica de Valencia. Sobre el 1560 Hernán Ruiz el Joven remató la Torre con tres cuerpos más de estilo renacentista y la imagen de la Fe, una auténtica obra de arte que equivale a una escultura.

Leo en el diario La Vanguardia que «la catedral de Sevilla padece un proceso de transformación en arena a causa de la mala calidad de la piedra». La Giralda tampoco se escapa de este proceso: «Cuando el cielo truena la Giralda arroja tierra»; pero también nos aclara el artículo de Adolfo S. Ruiz que el material desprendido no procede del cuerpo original de la torre construido por los almohades con piedra poderosa, sino del precioso templete renacentista añadido en la segunda mitad del s. XVI. Los conservadores del edificio no están demasiado preocupados por la conservación de la Giralda, pero sí por la de la catedral que tiene un mal endémico en la mala calidad de su piedra. El articulista del 11 de marzo de hogaño nos afirma que los arquitectos prefirieron el material procedente de Cádiz porque era más barato y su transporte en barco por el Guadalquivir más asequible que el de Osuna y Estepa -piedra de mayor dureza- porque tenía que llegar en carreta, era más caro y en invierno se hacía imposible su transporte. La piedra de la desembocadura del río Guadalquivir es de mala calidad porque hace miles de años yacía en el fondo del mar.

La piedra de este gigantesco y bello Templo se deshace lentamente por lo que han desaparecido pináculos, gárgolas y crestas, y sus aristas se van redondeando. Los temporales de lluvia y viento perjudican muchísimo este Monumento, pero también lo hacen las condiciones medioambientales, como una segunda causa agresiva sobre todo por el tránsito. De todo ello se deduce que se necesitan grandes inversiones para que «la catedral gótica más grande del mundo conserve su color original».

Valladolid, una ciudad que rezuma arte por doquier

Valladolid

Todas las ciudades tienen sus encantos: unas, porque tienen más historia, se enorgullecen de su pasado y están dispuestas a darlo a conocer a todos los que llegan; otras, más jóvenes y con menos calles retorcidas y estrechas que enseñar, se regocijan, empero, de su pujanza actual expresada en niveles varios -de economía, de urbanismo, de estatus social y cultural, y de un largo etcétera-.

Valladolid

 Valladolid es una ciudad con historia; aunque se desconocen sus orígenes tiene vida más que suficiente como para poder mostrar con todo esplendor desde su paso por la Edad Media hasta nuestros días. Es, sin lugar a dudas, un encanto de ciudad; los azares del tiempo la llenaron de fueros y privilegios para convertirla en la capital política de Castilla y en un importante centro cultural y económico. También tuvo que sufrir sus titubeos de decadencia iniciados en el incendio de 1561 y cuando el vallisoletano Felipe II trasladó la capitalidad a Madrid; pero la ciudad pudo con todos los entuertos y avatares históricos sacando provecho de su pasado y hoy se nos muestra como una ciudad bien comunicada, con un desarrollo industrial pujante, como centro universitario desde 1346 y con todos los privilegios civiles y religiosos como avales de una población moderna. La Naturaleza no quiso ser menos y la premió con caudales de agua a su alrededor, ya que las nubes llegan secas.

Esta Capital castellana es un centro de arte. Tiene importantes monumentos medievales como las iglesias de Santa María la Antigua de construcción románica y elementos góticos, y la de San Martín de construcción similar, pero reformada en el s. XVII. El templo de San Miguel es de tipo gótico tardío, pero como su edificio era ruinoso el rey Carlos III mediante una real cédula unificó su parroquia con la de San Julián en la iglesia de San Ignacio de Loyola ( s. XVI), después de haber expulsado a los jesuitas; por este motivo el templo pasó a llamarse Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián. El convento de San Pablo atribuido a Simón de Colonia y el Colegio de San Gregorio obra de Gil de Siloé tienen unas fachadas impresionantes pertenecientes al gótico-mudéjar, el estilo de los Reyes Católicos, con un trabajo excepcional propio de la orfebrería plateresca del s. XV. Ambos fascinan de noche por su bien lograda iluminación, pero de día realzan su monumentalidad.

Pertenecen al estilo renacentista la iglesia de la Magdalena de Gil Hontañón, el monasterio de Las Huelgas con fachada mudéjar y esculturas de Gregorio Fernández en su interior. La Catedral, que está inacabada, es una obra característica de Juan de Herrera cuya construcción fue encargada por Felipe II; destaca el gran retablo del Altar Mayor construido por Juan de Juni. Son de estilo herreriano la iglesia de la Santa Cruz en cuyo interior podemos contemplar el Descendimiento de Gregorio Fernández, y la iglesia de Las Angustias que tiene La Virgen de los Cuchillos, hecha por Juan de Juni.

Aunque siempre se ha dicho que en Valladolid el arte está al servicio de la evangelización, sin embargo también podemos afirmar  que la arquitectura civil destacó muchísimo tanto en el arte Plateresco como en la interpretación estilística del Renacimiento italiano sobre todo en la vivienda urbana; las mansiones aristocráticas se adornan con estructuras del Renacimiento. Parece que el arte vallisoletano, debido a su gran poder de asimilación, logra que muchos estilos artísticos encuentren allí su culminación: el gótico, el herreriano, el renacentista de Berruguete pueden servir de ejemplo. En arquitectura civil se debe destacar el renacentista Colegio Mayor de Santa Cruz construido por Lorenzo Vázquez sobre un trazado gótico; la Casa de Cervantes del s. XVII transformada en Museo Arqueológico; la fachada barroca de la Universidad; el enorme palacio de los Condes de Benavente empleado como residencia de reyes -un incendio en el s. XVIII lo dejó maltrecho- todavía conserva el alfiz medieval en la puerta principal,  con un patio renacentista cuyos capiteles con hojas de acanto especiales son clásicos. La llamada Casa del Sol de portada sobria y hueco entre columnas. El Palacio Real, concluido por el Duque de Lerma sobre una mansión del secretario del emperador Carlos, tiene unos ornamentos de  una delicadez renacentista impresionante y al mismo tiempo con una visión plateresca que fusiona los dos estilos.

Hacia la segunda mitad del s. XVI nace un nuevo clasicismo más austero tanto en la arquitectura religiosa como en la civil; un ejemplo característico de la construcción civil lo encontramos en el palacio del marqués de Villena con la austeridad propia de Bramante:  portada sencilla con arco de medio punto, patio con dos arquerías jónicas y medallones en las enjutas. En el palacio de Butrón hallamos una tendencia florentina tirando hacia el manierismo: ornamentación escultórica de yesos preciosos al estilo italiano.

En la arquitectura religiosa podemos tomar como ejemplo la iglesia del Salvador en la que la fachada está concebida como si de un retablo se tratara: huecos entre columnas, hornacinas y esculturas muy bien trabajadas.

No sólo en Valladolid capital encontramos tanta magnificencia artística. Si queremos disfrutar del arte de la edad de oro español debemos visitar toda la provincia, donde hallaremos la autenticidad de la arquitectura castellana.

El Museo de Valladolid: desde 1933 está instalado en el Colegio de San Gregorio (s. XV), su estilo es plateresco -decoración exuberante sobre construcción gótica-. Su fachada decorada con figuras y escudos de armas parece un retablo; su patio semeja el de dos cuerpos sobrepuestos, el de la planta baja hecho a base de columnas porticadas, mientras que la galería alta la forman ventanas muy decoradas. Si el edificio en sí es una joya, no lo es menos el género a que se dedica: escultura castiza de madera tallada y policromada de los siglos XVI y XVII con temario religioso en exclusiva de los tres grandes maestros de la escuela castellana: Berruguete, Juan de Juni y Gregorio Fernández. Es necesario verlo para descubrir los encantos de cada escultor y lo grandes que fueron ellos mismos como artistas.

El arte plateresco puso freno al renacimiento italiano en España

El arte Plateresco

Afirma José Pijoán en el prólogo del tomo XVII de la Summa Artis «(…) quiere embellecerla (la patria) con un nuevo estilo que proclame su gloria. Le llamarán estilo plateresco, porque todo podía ser hecho con oro y plata.»

El plateresco es el estilo arquitectónico que florece en España durante el reinado de los Reyes Católicos y que alarga su vida en tiempos del emperador Carlos V. El gótico había llegado ya a su madurez estilística; todos los problemas que podían presentar su arquitectura habían sido solucionados con matrícula de honor, de ello son testimonio los grandes monumentos catedralicios, palacios y otros monumentos religiosos y civiles esparcidos por nuestra Europa occidental, central y nórdica.

Este estilo no quiere desaparecer y por ende luchará con el Renacimiento italiano con toda la fuerza de sus cuatro virtudes cardinales como si de un retablo barroco se tratara: con la justicia, porque durante siglos embelleció todos los pueblos del Continente; con la fortaleza de su plenitud y poderío sin límites en la expresión de su concepto; con la prudencia sabia, pausada y tranquila de su vejez que aprendió a lo largo de tanta vida; con la templanza para imponer su razón de ser a los artistas procedentes de Italia y Alemania para que abandonando su estilo se vuelvan platerescos.

Al gótico le faltaba la orfebrería, el trabajo propio de los plateros que de forma tan estupenda era éste conocido entre nosotros mediante el arte mudéjar. Nuestra Patria se había engalanado de gótico por todos los rincones, pero este estilo siempre nos recordaba que procedía del extranjero; y así nuestros artistas, protegidos por Isabel y Fernando, lo hicieron nacional echando una mirada a los grandes monumentos del sur: la Alhambra, la catedral de Sevilla, la Mezquita de Córdoba, la… Dieron paso al gótico ornamental y decorativo llenando todas sus fachadas con todo tipo de vegetación, medallones, animales, columnas abalaustradas, de toda la estética que puede permitirse un artista en la culminación de cualquier estilo, en este caso el gótico.

En el plateresco se asimilan dos estilos con tendencias algo antagónicas: la germánica y la mudéjar con sensibilidad exotérica y universal. El recuerdo de la grandeza histórica medieval recién pasada hizo que nuestros artistas rechazaran la fuerza serena de las formas renacentistas y se adhirieran a las germánicas, porque les permitían un carácter de autenticidad nacional al introducir la pasión, el gigantismo, la exaltación y el desmesuramiento del que estaban carentes Flandes, la Borgoña y Alemania; el arte mudéjar será el segundo elemento a fusionar para formar un conjunto de unidad: el plateresco.

Efectivamente, lo morisco en las ciudades andaluzas, levantinas y aragonesas estaba de moda y no menos podemos decir de Toledo; la tradición mudejarista en todas ellas se hizo querer. La fusión entre el gótico flamígero y el mudéjar se funde en las decoraciones en yeso que revisten los muros y los relieves de interpretación musulmana. Es propio de la estética morisca el ritmo de repetición, cuyo ejemplo lo encontramos en los escudos repetidos de los Reyes Católicos en San Juan de los Reyes, también en la Casa de las Conchas en Salamanca, en las puntas que decoran el palacio del Infantado en Guadalajara.

Otra característica del plateresco la podemos encontrar en las bóvedas de crucería en las que se da la sublimación de la técnica de cierre abovedado al estilo de las cordobesas con arcos cruzados y hueco central. Hemos de decir que en el arte musulmán de Alhaquén II (s. X) ya existía la bóveda nervada; ésta pasó a ser insertada en piedra valorando los nervios góticos como elemento vivo; hoy podemos encontrar un ejemplo fascinante en el cimborrio de la catedral de Burgos o en el de la seo de Zaragoza, en ambos casos se da la fusión de lo germánico con lo musulmán o viceversa.

Podemos admirar el arte plateresco en la Capilla Real donde yacen los Reyes Católicos, el monasterio de San Jerónimo, la Catedral y la iglesia de la Alhambra en Granada; la iglesia de los Santos Mártires en Málaga; en Sevilla, el convento de Santa Clara; la capilla de los Santos Justo y Pastor en Toledo; la Universidad de Alcalá de Henares y la de Salamanca; el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela; las fachadas de las iglesias de San Pablo y San Gregorio y el colegio de Santa Cruz en Valladolid; el patio del palacio del Infantado en Guadalajara.

En los Países de habla catalana cuajó muchísimo el gótico flamígero, pero muy poco el plateresco. No obstante, podemos hallarlo en las puertas de la Casa de l’Ardiaca en Barcelona, en Torre Pallaresa en Santa Coloma de Gramanet (Barcelona); en los ventanales de la Casa Villalonga en Palma de Mallorca y  alguna otra pequeña obra también en Palma como el púlpito de la Catedral.

Una nevera de hace tres siglos

La Basílica Sant Just i Pastor

Así titulaba Ramón Suñé en la sección VIVIR del diario LA VANGUARDIA (jueves, 20 de febrero de 2014). Las excavaciones que se están llevando a cabo en el subsuelo que ocupaba la Barcino Romana, esta vez cerca de lo que había sido el foro, nos dan a conocer descubrimientos a cuál más fascinante. La Basílica dedicada a los  santos Just i Pastor, bajo el reinado del ostrogodo Teudis, tuvo una relevancia extraordinaria, pues en el año 540 se celebró en Barcelona -por segunda vez capital del reino visigodo- un concilio presidido por el metropolitano de Tarragona. El tema primordial de este Concilio Tarraconense fue el de intentar que los obispos arrianos y católicos limaran sus diferencias para obtener la unidad religiosa. En este Concilio no llegaron a ningún acuerdo.

El arrianismo nació en el siglo IV como doctrina profesada por Arrio en el Imperio Romano de Oriente; fundamentalmente, creían en la unidad de Dios en el Padre, negaban la divinidad de Jesucristo y también la inexistencia del Espíritu Santo; el concilio de Nicea del año 325 afirmó contra la tesis arriana que el Hijo fue engendrado, pero no creado, y que era de la misma natura que el Padre.

Asesinado el rey Teudis en el año 548, Barcelona dejó de ser la capital del reino visigodo; ésta se desplazó al centro de Hispania bajo el reinado de Atanagildo, pero quedó como gobernador de la Hispania Citerior (capital Tarraco) el hermano de éste, Leovigildo. El nuevo gobernador hizo oficial en su provincia el cristianismo arriano; por este motivo hizo donación a sus obispos de algunos de los bienes católicos, pero no impuso la creencia en la doctrina arriana a toda la población, a pesar de que Leovigildo profesaba el arrianismo y que cuando fue rey a la muerte de su hermano intentó esparcir su doctrina por Hispania; hasta tal punto lo hizo que creó una guerra civil contra su hijo Hermenegildo, al que, vencido, condenó a muerte en Tarraco. El arrianismo sobrevivió en  la Península hasta que Recaredo, hijo y sucesor de Leovigildo, se convirtió al catolicismo en el tercer Concilio de Toledo a inicios del siglo VII.

Entre los bienes cedidos por el obispo católico, el más importante fue la Basílica de la Santa Cruz que el obispo arriano convirtió en su catedral; mientras que la basílica de los Santos Just i Pastor fue la catedral católica. Ambas serían destruidas, saqueadas e incendiadas por la furia de Almanzor y sus secuaces. Los restos permanecen en el subsuelo. Unos años más tarde, Ramón Berenguer I y Almodis, sobre la catedral de la Santa Cruz, levantaron otra románica; luego Jaume II haría construir la actual de estilo gótico.

La iglesia actual de los Santos Just i Pastor es la última de las grandes iglesias góticas que se construyeron en Barcelona. En el  año 965 fue donada a la Catedral barcelonesa para que funcionara como parroquia. El Palacio Real y muchas monumentales casas de nobles importantes pertenecían a su demarcación; éstos últimos contribuyeron a la edificación del templo gótico, sus escudos los podemos hoy contemplar en el interior de la basílica cuya edificación data de 1345 por el maestro de obras Pere Arús. Dos siglos se tardó en su construcción.

Según el artículo de Ramón Suñé, al hacerse un sondeo bajo la nave central de la iglesia se ha encontrado una fresquera del siglo XVIII excavada en arcillas naturales, y nos lleva a la conclusión de que se pudo utilizar tanto para conservación de alimentos como de escondrijo de objetos valiosos en tiempos hostiles. El autor nos da todo tipo de explicación de cómo se pudo llegar hasta allí. El inicio de la excavación se hizo en un pozo de dos metros construido para un antiguo ascensor, donde una losa tapaba un boquete cubierto de escombros y daba acceso aun espacio subterráneo más profundo. Los especialistas se introdujeron y confirmaron que un pasillo con peldaños iba descendiendo hasta llegar a un rellano: a su derecha había una estancia semicircular con tres hornacinas, una olla de cerámica del s. XVIII y restos de sobrantes de comida quemados; en la parte izquierda de la estancia encontraron otra escalera mayor que bajaba a otra estancia más pequeña y un vaso campaniforme del s. XVIII utilizado para servir chocolate. Acaba el artículo que los arqueólogos estiman que se trata de una cámara frigorífica de casi trescientos años, similar a la que se encontró en las excavaciones de la catedral de los frailes dominicos de Santa Catalina, cuyo espacio ocupa hoy un maravilloso mercado municipal.

Es famosa la basílica de los santos Just y Pastor por estas instituciones:
– El Testamento Sacramental dice que si una persona expresa su última voluntad en cualquier lugar de Barcelona ante testigos y éstos si al cabo de seis meses de su estancia juran sobre el altar de Sant Félix (que se halla en esta Basílica) ante notario la voluntad del moribundo, se da validez a lo testado. (Este Testamento, como institución, es válido actualmente, pero está en desuso).

– El Juicio de Dios había sido una institución medieval remanente del derecho germánico que consistía en someter a una serie de pruebas a un acusado o a dos partes litigantes a fin de descifrar quién decía la verdad o falsedad y quién tenía razón o no. La Iglesia tuvo que reprobar esta institución tiempo después a causa de su temeridad teológica.

– El Juramento de los Judíos era similar al Juicio de Dios, pero esta institución sólo era empleada cuando el pleito se daba entre judíos y  cristianos; por lo tanto ya hace siglos que ha quedado invalidado.