Archivos mensuales: febrero 2014

Barcelona viva

L'Hospital de Sant Pau

Barcelona es atractiva en su variedad constante y por ello se sintió encorsetada en demasía hasta que el empeño de unos hombres sagaces le permitieron, no sin temor, romper sus murallas ancestrales. La libertad le dio alas de vuelo y ahí empezó su inconformismo porque quería adaptarse con plenitud a todo lo nuevo que corría por Europa; y no, como hasta entonces, viviéndolo de lejos. Envidiaba todo lo que se cocía en París o en Londres o en cualquier otra ciudad adelantada de Europa; luchó, luchó y luchó; pero valió la pena, pues también pudo capitalizar exposiciones, ferias, congresos,… para que el espejo en que se miraban las demás ciudades avanzadas se pudiera convertir también en espejo propio.

 Por su afán constante fue capital de juegos deportivos como los del Mediterráneo; obtuvo los Olímpicos por merecimiento propio, pero también porque el olimpismo se sentía deudor con ella a causa de que otros Juegos no fueron posibles por motivos bélicos.

Si el «Art Nouveau» fue para algunas ciudades europeas, contando entre ellas a París, una moda efímera y pasajera en cierto modo, Barcelona transformó este movimiento artístico como si fuera un patrón propio para toda Cataluña, dándole a estas tendencias procedentes de la Capital francesa unas variantes fundamentales y diferenciadas de manera tal que le separan del «Art Nouveau» y se le conoce como Modernismo; a este movimiento alguien lo definió como «el mal gusto más bello que existe», que equivale a decir que su adaptación a la sociedad no fue fácil y por este motivo le llovieron palos por doquier. Las críticas no fueron sólo para las artes plásticas, sino también para la arquitectura y la literatura.

Sin embargo hoy admira este estilo y ya está diseminado por todo el mundo. Siempre que un viandante se pasee por el Quadrat d’Or podrá ver palacios, edificios de viviendas, iglesias, farolas,…y lo que más llama la atención, se puede «pisar modernismo” de manera real; para ello basta con dar una vuelta por el Passeig de Gràcia y las baldosas son un diseño de Antonio Gaudí que se inspiró en motivos marinos: estrellas de mar, conchas y algas están presentes en baldosas hexagonales.

Estos días los diarios notifican que la Ciudad quedará ocupada por más de 75.000 congresistas del Mobile; parece que la ocupación hotelera está al 100%. Muchos dicen que también vienen atraídos por los arquitectos del Modernismo, en especial por Gaudí. A algunos no les importa pagar precios espectaculares por las tres jornadas de duración del Congreso; es más, afirman que por otros congresos en París y Montecarlo las habitaciones les cuestan 5 ó 6 veces más caras. La cocina catalana tampoco se queda atrás y comentan que las tapas son muy apetitosas y entran dentro del menú.

Por otro lado se anuncia que las obras de restauración de la Ciudad-Hospital de San Pablo han llegado a su fin. El modernismo interpretado por el gran arquitecto Lluís Domènech i Montaner ya puede ser visitado con todo su esplendor; es una buena noticia para los amantes de este Arte. El prolífico autor del Palau de la Música nos vuelve a mostrar toda la belleza vegetal en esta sublime obra al mismo tiempo que su interpretación de este arte. Así pues, durante tres semanas podrá ser visitado de puertas abiertas al público. Vale la pena disfrutar de sus arcadas, de sus rosas, de su cerámica,… de una joya preciosa que traslada la cerámica a la arquitectura. Los congresistas del Mobile podrán disfrutar del legado de Domènech i Montaner.

El Parque de Joan Miró

El Parc Joan Miró

Los alcaldes de la recién estrenada democracia española tuvieron que ponerse a trabajar en serio; aunque en algunos lugares más que en otros, todos intentaron subsanar problemas cuyo origen fue el conformismo o tal vez la falta de iniciativa o quizá la ineptitud de los elegidos a dedo en épocas anteriores.

Narcís Serra salió elegido como primer alcalde demócrata por Barcelona en las urnas; así se iniciaba su fulgurante carrera política dentro del socialismo catalán. Fue todo un reto para él como lo hubiera sido para otro cualquiera. En Barcelona había un enorme lapso en que casi nada se hizo y el joven alcalde lo sabía. Una de las primeras acciones de su gobierno consistió en sacar fuera de la Ciudad el matadero municipal y en su lugar destinar el espacio que ocupaba para disfrute y esparcimiento de los barceloneses y especialmente para los de la zona: por fin un parque en la cuadrícula del Eixample de Ildefons Cerdà.

Entre un buen grupo de celebridades famosas el equipo municipal de Narcís Serra eligió para la envergadura de esta obra a un casi nonagenario Joan Miró. El artista sabía perfectamente que el Consistorio carecía de disponibilidad económica, pero quiso hacer buena su famosa frase «Cuanto más trabajo, más ganas tengo de trabajar» y a su edad trabajar era vivir. No se hizo rogar para su colaboración en este proyecto.

Dividió el terreno en dos partes: ideó la zona más elevada para convertirla en pavimento y la que ocupaba un plano más bajo para zona verde. Era una solución rápida, barata, pero genial. En su mente se materializaba la realidad con el sueño y el tema «Mujer, pájaro, estrella» en una noche de San Juan nacería por fin de la culminación del Artista.

Sobre la zona pavimentada dispuso esculpir la «Dona i ocell», una escultura que sobrepasa los 20 metros de altura; buscando una alineación precisa y extraordinaria que había nacido en él tanto en la joyería de su padre como en la ebanistería de su abuelo materno. Con esta sugestiva visión deja en el fondo una plaza de toros de estilo modernista «Las Arenas» como escenario.

Miró ya había creado otra estatua similar durante su estancia en París, pero sólo rondaba 3,5 metros de alto y que su gran amigo Salvador Artigas transformó en cerámica; pero la «Femme et oiseau» se rompió, aunque quedó la maqueta.

La «Dona i ocell», hecha de material adecuado para la intemperie -cemento armado- fue decorada siguiendo la técnica propia de Cataluña, «la del trencadís», pues permite recubrir a la perfección cualquier tipo de superficie.

Esta escultura es un formidable poema artístico: un auténtico símbolo del surrealismo onírico del amor, un canto sublime al sexo reproductor. La escultura lleva el estigma característico del Artista: en su forma fálica, puede observarse la incisión alargada y oscura con rebordes de color carne para la simbología de mujer receptiva al poder del amor. El pájaro con sus alas abiertas, como si no quisiera entrar en el juego amoroso del que forma parte, rompe con todo lo que pudiera parecer de erótico y por eso se halla en el sombrero de la mujer.

El espacio que ocupa la estatua es real; sin embargo da la impresión de que éste fuera especialmente creado para ella. Se eleva en un estanque de agua y se complementa con una parrilla, como si quisiera dejar Joan Miró para la posteridad un homenaje rotundo al quemar de las hogueras la verbena de San Juan como es tradicional por estos pagos catalanes, bajo el cielo estrellado de un equinoccio veraniego en el Mediterráneo.

¿Traicionó Barcelona a Ildefons Cerdà?

Ildefons Cerdà

Una parte de la burguesía barcelonesa reaccionó con ojos especulativos ante el ingenio de Ildefons Cerdà, cuando presentó su proyecto ganador de una trama cuadriculada que permitiera hacer de Barcelona el supremo ideal de una ciudad jardín; estos burgueses eran los propietarios de los terrenos donde tenía que llevarse a cabo el gran proyecto de L’Eixample y por ello quisieron sacar el máximo provecho posible.

El pastel tuvo que repartirse porque otra parte de la sociedad burguesa aceptó con valentía y hasta entusiasmada la idea de crear una Barcelona como el gran genio de Cerdà propuso; pero también deseaba ardientemente salir del apretujamiento que las obsoletas murallas habían creado en la zona antigua y también de la humedad del puerto; además en Cataluña era un momento de economía potente que procedía de la Revolución Industrial y de su comercio. Sin embargo, se conservan dos ejemplos representativos que se adaptan al  plan del gran urbanista: El passatge de Méndez Vigo y el passatge de Permanyer; en ellos podemos encontrar edificios bajos con jardines exteriores.

El Modernismo no quiso dejar escapar la ocasión y salpicó con sus obras los terrenos que habían en la Ciudad por urbanizar; pero este fenómeno artístico tampoco entraba en el gran proyecto de Cerdà porque proponía manzanas de edificios bajos con sólo dos fachadas en ángulo recto, dejando el interior visible y con abundante vegetación. El Modernismo es amante de las curvas, de los espacios llenos, amplios y altos para abrirse a la luz; sus arquitectos pensaban en proyectos grandes y en espacios amplios para de alguna manera dejar constancia de que tenían alma de artista.

Las autoridades municipales intentaron navegar a dos aguas: por un lado veían con buenos ojos las excelentes edificaciones del nuevo arte y los aires de modernidad que se estaban dando a la Ciudad; también con ciertos retoques no dejaba de cumplirse la cuadrícula urbanística que Cerdà había proyectado; ciertamente Barcelona no era un jardín, no obstante sus amplias calles permitían llenarlas de árboles frondosos en verano para que dieran sombra reconfortante, pero de hoja caduca para que en invierno dejaran pasar los rayos solares: los plátanos fueron los árboles elegidos. En algunas calles hasta se pusieron bancos para descanso y para dar la sensación de que si bien no era un jardín, sí  podía tener la similitud con un parque. No debemos olvidar que el Ayuntamiento compró terrenos para grandes proyectos urbanísticos como sucedió en la construcción de la actual plaza de Cataluña.

Por aquel entonces se reunían en Barcelona genios del arte y de fama internacional cuyas obras son hoy un embeleso turístico mundial. Era imposible contener el impulso creador de tan grandes personalidades, porque estaban dispuestos tanto a dejar sus huellas en edificios  habitables como a aventurarse en espacios no edificables para convertir la urbanización en un auténtico arte. Grandes mecenas tampoco faltaron para que se llevaran a cabo estos proyectos; así pues, podemos gozar del Parc Güell, del Hospital de Sant Pau o del encanto del Parque de Montjuïc, sede permanente de exposiciones universales.

¿Se traicionó el plan Cerdà, o éste vería con buenos ojos los resultados del grupo del que formaba parte?