¿Traicionó Barcelona a Ildefons Cerdà?

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 0 Flares ×

Ildefons Cerdà

Una parte de la burguesía barcelonesa reaccionó con ojos especulativos ante el ingenio de Ildefons Cerdà, cuando presentó su proyecto ganador de una trama cuadriculada que permitiera hacer de Barcelona el supremo ideal de una ciudad jardín; estos burgueses eran los propietarios de los terrenos donde tenía que llevarse a cabo el gran proyecto de L’Eixample y por ello quisieron sacar el máximo provecho posible.

El pastel tuvo que repartirse porque otra parte de la sociedad burguesa aceptó con valentía y hasta entusiasmada la idea de crear una Barcelona como el gran genio de Cerdà propuso; pero también deseaba ardientemente salir del apretujamiento que las obsoletas murallas habían creado en la zona antigua y también de la humedad del puerto; además en Cataluña era un momento de economía potente que procedía de la Revolución Industrial y de su comercio. Sin embargo, se conservan dos ejemplos representativos que se adaptan al  plan del gran urbanista: El passatge de Méndez Vigo y el passatge de Permanyer; en ellos podemos encontrar edificios bajos con jardines exteriores.

El Modernismo no quiso dejar escapar la ocasión y salpicó con sus obras los terrenos que habían en la Ciudad por urbanizar; pero este fenómeno artístico tampoco entraba en el gran proyecto de Cerdà porque proponía manzanas de edificios bajos con sólo dos fachadas en ángulo recto, dejando el interior visible y con abundante vegetación. El Modernismo es amante de las curvas, de los espacios llenos, amplios y altos para abrirse a la luz; sus arquitectos pensaban en proyectos grandes y en espacios amplios para de alguna manera dejar constancia de que tenían alma de artista.

Las autoridades municipales intentaron navegar a dos aguas: por un lado veían con buenos ojos las excelentes edificaciones del nuevo arte y los aires de modernidad que se estaban dando a la Ciudad; también con ciertos retoques no dejaba de cumplirse la cuadrícula urbanística que Cerdà había proyectado; ciertamente Barcelona no era un jardín, no obstante sus amplias calles permitían llenarlas de árboles frondosos en verano para que dieran sombra reconfortante, pero de hoja caduca para que en invierno dejaran pasar los rayos solares: los plátanos fueron los árboles elegidos. En algunas calles hasta se pusieron bancos para descanso y para dar la sensación de que si bien no era un jardín, sí  podía tener la similitud con un parque. No debemos olvidar que el Ayuntamiento compró terrenos para grandes proyectos urbanísticos como sucedió en la construcción de la actual plaza de Cataluña.

Por aquel entonces se reunían en Barcelona genios del arte y de fama internacional cuyas obras son hoy un embeleso turístico mundial. Era imposible contener el impulso creador de tan grandes personalidades, porque estaban dispuestos tanto a dejar sus huellas en edificios  habitables como a aventurarse en espacios no edificables para convertir la urbanización en un auténtico arte. Grandes mecenas tampoco faltaron para que se llevaran a cabo estos proyectos; así pues, podemos gozar del Parc Güell, del Hospital de Sant Pau o del encanto del Parque de Montjuïc, sede permanente de exposiciones universales.

¿Se traicionó el plan Cerdà, o éste vería con buenos ojos los resultados del grupo del que formaba parte?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *