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Viladomat, un pintor del 11 de septiembre de 1714

El paseo de Lluís Companys, conocido antes con el nombre de Víctor Pradera y también paseo de San Juan, termina en El Arco de Triunfo que ha quedado como símbolo histórico y puerta de acceso al recinto donde se realizó la Exposición Universal de 1888 de Barcelona. Este paseo es uno de los lugares más bellos de la Ciudad Condal; está ubicado delante del Parc de la Ciutadella y adornado con farolas modernistas del barcelonés Pere Falqués y Urpí; este arquitecto quizás sea más conocido por las farolas del paseo de Gracia, pero se le conoce también, entre otras obras, por el monumento a Rius i Taulet donde se inicia esta avenida. A ambos lados del monumento dedicado a tan insigne personaje y promotor de la Barcelona universal, podemos admirar las estatuas del gran caballero y aventurero Roger de Flor y la del artista barroco Antoni Viladomat y Manald. Quien no conoce la pintura de Viladomat y quiere disfrutar de ella, puede hacerlo porque este año se le está dedicando una exposición múltiple en el Museo de Arte de Girona, en el Museo Diocesano y Comarcal de Lleida, en el Museo de Mataró y el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

Antoni Viladomat goza desde el último cuarto del siglo XIX de una amplia bibliografía y ocupa lugar en la Galería de Catalanes Ilustres en la Real Academia de Buenas Letras. En su época fue famoso, siendo elogiado por el académico del siglo XVIII Anton Raphael Mengs. Viladomat entró de aprendiz del pintor Juan Bautista Perramon los nueve años de edad, cuando todavía Cataluña era un estado. Más tarde colaboró ​​con el pintor italiano Ferdinando Galli «Bibiena» decorando la iglesia de San Miguel, hoy desaparecida; ya que Bibiena era el artista más destacado de la corte del archiduque Carlos III en Barcelona, esta colaboración fue muy positiva tanto para su formación como para su economía, pues su producción fue creciendo. También su prestigio fue en aumento debido a los litigios con éxito que mantuvo con el Colegio de Pintores de Barcelona porque el consideraba de un espíritu gremial y artesano. Esta circunstancia hizo que su taller se consolidara y fuera lugar de formación para muchos pintores y artistas.

Su producción como pintor fue muy abundante, pero una buena parte importante de su obra se ha perdido. Sin embargo, se conserva una cantidad importante como para catalogar su personalidad artística. En el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) se recoge un conjunto de dibujos de calidad excelente; los cuadros de las «Estaciones», de naturalezas muertas y otras de temática religiosa, especialmente los cuadros sobre San Francisco, pintados para el convento de los franciscanos de Barcelona. En la capilla de los Dolores de Santa María de Mataró, se puede encontrar un conjunto de cuadros representativos del barroquismo catalán: los «Dolores de la Virgen» formando un tema único con ángeles y apóstoles, evangelistas y santos que se complementan con pinturas murales al temple que recubren la bóveda y las paredes laterales de la capilla. Viladomat en los cuadros de vida religiosa nos muestra una inspiración sobria, casi mística, con una serenidad impropia del barroquismo peninsular; quiere huir de los sentimentalismos exagerados con una técnica expresiva, natural y elegante.

El pintor catalán logró esta técnica tan precisa gracias a su trabajo, utilizando bocetos, dibujos y un estudio cuidadoso de la composición en escena. Su dibujo demuestra un fuerte conocimiento del natural, formando parte del ambiente y paisaje catalán, y de la luz mediterránea. Sus excelentes cualidades artísticas han visto quizás un poco mermadas debido a sus posibilidades económicas. Hay piezas que nos hablan del genio que llevaba dentro, mientras que otros nos hablan de la necesidad del pan de cada día.

Viladomat fue un gran y excelente pintor barcelonés; el mejor pintor catalán de su tiempo: Barcelona lo reconoce así y le dedica una gran calle del Eixample. Fue un hombre marcado por los hechos de 1714, pues nació en una tierra llena de instituciones, lengua y leyes propias, pero murió en una simple provincia. «Viladomat tuvo las virtudes y los defectos que podía tener cualquier artista» dentro de la época que le tocó vivir. Las instituciones actuales catalanas recogen la obra del artista más relevante de su tiempo, dentro del marco del «Tricentenario de los Hechos».

Jackson Pollock

La mayoría de los artistas siguen el estilo propio de la época en la que se encuentran. Pero esto no siempre sucede así; es más, muchos prefieren seguir el de la época anterior y hasta lo que tienen una personalidad muy fuerte, crean su estilo propio. Este es el caso de Paul Jackson Pollock, mejor conocido como Jackson Pollock (Wyoming, EEUU 28/1/1912 – Nueva York, EEUU 11/8/1956).

Fue un importante e influyente pintor americano y una destacada figura en el movimiento del Expresionismo abstracto. Empezó su carrera artística pintando obras de pequeño formato encerrado en un taller, como mucho otros artistas de la época, hasta que se dio cuenta de que en esas pequeñas obras no podía expresar todo lo que quería, y así empezó a realizar obras de gran formato, haciendo servir todo su cuerpo como instrumento de pintura aunque también la paleta y el pincel. De este modo, toda la energía y fuerza de su cuerpo quedaba expresada en sus lienzos.

Su estilo pronto fue reconocido por el hecho de ir salpicando la pintura. Así se introdujo en el uso de pintura líquida, utilizando como técnica la de verterla como una técnica sobre sus lienzos de principios de 1940. Comenzó a usar además como instrumentos pinceles endurecidos, varas y jeringas; quizá por primera vez, hizo empleo de pinturas de resina sintética, llamada barniz alkyd, que era novedosa en esa época.

En sus obras no había un centro de fuga, como punto principal de referencia en el que fijarse; sino que eran rayas y manchas, unas encima de las otras, mezclas de colores y salpicaduras sin ningún objetivo en concreto. Pollock iba pintando hasta conseguir un buen resultado.
La técnica de Pollock de verter y salpicar pintura es reconocida como uno de los orígenes del action painting (pintura de acción) ya que involucraba todo el cuerpo, de este modo el artista se podía expresar al máximo.

Pollock firmó un contrato con Peggy Guggenheim en julio de 1943. Recibió una comisión para crear Mural (1943), de 8 pies de altura y 20 pies de longitud, para implantarlo en la entrada de la nueva casa de Guggenheim. A sugerencia de su amigo y consejero Marcel Duchamp, Pollock pintó esta obra en un lienzo en lugar de la pared para que fuera portátil.

Este gran artista creyó conveniente el hecho de dejar unas obras sin título y otras de dejarlas simplemente enumeradas, como por ejemplo –una de las más importantes- la “Número 1”. De esta forma, el autor conseguía evadir la búsqueda de elementos figurativos por parte del espectador. Pollock prefería que cada uno dejara volar la imaginación hasta encontrarle su propia explicación, en vez de tener todos una misma sensación de la obra y buscarle ése mismo sentido. El autor creía que los números eran neutrales, y por eso permitían a las personas ver la pintura por lo que es – pintura pura.

Pollock destacó en el mundo del arte; gracias a su propio estilo, a su gran imaginación y al valor del colorido. El verano se presenta propicio para buscar algunas de sus obras y dejar volar nuestra imaginación.

Antoni Tàpies, máximo representante catalán del informalismo.

Muchos de nosotros hemos visto obras de este autor y nos hemos preguntado; ¿Qué representa?, ¿Cuál es su significado real?…Y es que a veces es difícil saber qué es lo que nos está intentando transmitir, ya que según el estilo de la obra o según él mismo, el significado puede llegar a ser más o menos complejo. Esto pasa a menudo con Antoni Tàpies (Barcelona 13 de diciembre del 1923–6 de febrero de 2012).

Tàpies está considerado como uno de los principales exponentes a nivel mundial del informalismo que, con su formación autodidacta, creó un estilo propio dentro del vanguardismo del siglo XX, en el que se combinaban en un estilo abstracto la tradición y la innovación, lleno de simbolismo, dando gran relevancia al sustrato material de la obra. Tàpies se situó dentro de la denominada “pintura matérica” , también conocida como “art brut”, que se caracteriza por una gran variedad de materiales heterogéneos en sus pinturas, en sus esculturas,… con las que creó una técnica mixta, muchas veces con materiales de reciclaje como si de Jujol se tratara: papel, tela, cuerdas, trapos y hasta trozos de mobiliario como en el monumento a Picasso…mezclados con materiales tradicionales del arte para buscar un nuevo lenguaje de expresión artística, y tal vez por eso se dice que Tàpies se basaba en el predominio del collage.

También podríamos añadir que era partidario del uso de colores puros y figuras geométricas en sus obras para estar de acuerdo con su filosofía principal: hacer de lo insignificante lo más importante.

Podemos considerar que sus obras más características son las que aplica su mixtura de diversos materiales en muros o paredes, a las que añade distintos signos con sus significados diferentes, similares en cierto aspecto al arte popular conocido hoy en día como el «graffiti».

Las obras de Tàpies contienen signos de una diversidad insaciable, como cruces, lunas, asteriscos, letras, números, figuras geométricas, etc. Para este autor dichos elementos tienen un significado alegórico relacionado con el mundo interior del artista; y así puede evocar temas tan trascendentales como la vida y la muerte o como la soledad, la incomunicación o la sexualidad. Da a cada figura un significado concreto: las letras A y T tanto pueden ser las iniciales de su nombre y apellido (Antoni Tàpies) como la letra principal de Antoni y Teresa (su mujer); la X como misterio (incógnita) o símbolo de las coordenadas del espacio o la lucha de dos fuerzas opuestas y como es habitual para todo el mundo el signo de tachar algo; la M la explica de la siguiente manera:

“Todos tenemos una M dibujada en las líneas de la palma de la mano, lo cual remite a la muerte, y en el pie hay unas arrugas en forma de S; todo combinado era Muerte Segura”. 

Por otro lado, sabemos que Tàpies se basaba en cromatismo muy austero, debido a que generalmente se movía en gamas de colores puros, fríos, terrosos, como el ocre, marrón, gris, beige o negro.

La temática de su obra refleja una gran preocupación por los problemas del ser humano: la enfermedad, la muerte, la soledad, el dolor o el sexo; puesto que se basó en su propia experiencia de la vida. Nos dio una nueva visión de la realidad, siendo ésta más sencilla y cotidiana, pero mostrando siempre su verdadera espiritualidad, difícil de definir. La concepción vital de Tàpies se basaba en la filosofía existencialista, que remarca la condición material y mortal del hombre, la angustia de la existencia, la soledad, la enfermedad, la pobreza, etc. El existencialismo señala el destino trágico del hombre, pero también reivindica su libertad, la importancia del individuo, su capacidad de acción frente a la vida; así, Tàpies pretendía con su arte hacernos reflexionar sobre nuestra propia existencia.

Más tarde, influenciado por el pop-art, empezó a utilizar objetos más sólidos en sus obras, como partes de muebles ya anteriormente mencionados. Sin embargo, la utilización de elementos cotidianos en la obra de este autor no tiene el mismo objetivo que en el pop-art, en Tàpies siempre está presente el sustrato espiritual, la significación de los elementos sencillos como evocadores de un mayor orden universal y no la banalización de la sociedad de consumo y los medios de comunicación de masas propios del pop-art.

Así pues, las obras de Tàpies a simple vista son difíciles de comprender, pero una vez conocemos su significado tienen mucha lógica. El problema es que cuesta entender su estilo y sus características, su idea de lo que quería transmitir y su verdadera filosofía de la vida. Para poder saber todo esto y más, MusGuide nos proporciona toda la información necesaria con la que después podemos ir a la Fundació Antoni Tàpies o al MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) conociendo y entendiendo sus obras.

Antoni Tàpies es un gran artista.

Sorolla, la luz del sol y el mar

sorolla

Cuando se va a contemplar una exposición de una obra pictórica de algún autor considerado famoso o que a uno le llena el espíritu, puede suceder, alguna que otra vez, que las coletillas no siempre coinciden con el visor de nuestra vista en cuanto a colores se refiere. Y uno se pregunta si la apreciación cromática en las diferentes graduaciones que cada color tiene es similar, no idéntica, en todas las personas; a veces se puede cuestionar dicha apreciación del crítico en relación a la del autor. El porqué de este inicio viene dado como consecuencia de la fantástica y extraordinaria exposición que la CaixaForum le dedica a Joaquín Sorolla en su Centro Social y Cultural de Barcelona; exposición que podrá ser visitada hasta el 14 de septiembre.

Sorolla es un amante del mar, de su color cambiante como la luz solar en cada momento del día. El pintor valenciano tiene alma de marinero mediterráneo, el de su tierra; pero lejos de acomodarse en el costumbrismo histórico, como así fue en su época de formación interpretando modalidades académicas; pronto abandona la técnica de dibujante de interiores para lanzarse a la pintura naturalista que le ofrece el exterior, al aire libre, donde da forma a una técnica fluida y de pincelada larga, al estilo de Jules Bastien­Lepage y del alemán Adolf von Menzel; dichos pintores gozaban de paleta clara, factura suelta y pincelada larga, plasmando así con gran maestría los efectos lumínicos, que tanto impresionarán en Joaquín Sorolla.

En sus años de formación siente admiración profunda por Velázquez porque le consideraba próximo a su sensibilidad de vanguardista en cuanto le descubre en el Museo del Prado. También los pintores modernistas catalanes, coetáneos suyos, Ramón Casas y Santiago Rusiñol, interesados como Sorolla en representar los efectos de la luz al aire libre, se decían ser los auténticos herederos de las enseñanzas del gran pintor barroco.

Su suegro, Antonio García que era fotógrafo de profesión, conoce al joven pintor valenciano a través de su hijo Juan Antonio cuando ambos estudiaban en la Escuela de Bellas Artes; conocedor de su talento como pintor, no duda en protegerlo dándole trabajo en su estudio y enseñándole simultáneamente los sistemas del manejo de la luz, el encuadre de la imagen y todos los recursos expresivos que podemos admirar en los cuadros de playa.

Destacan de esta época de pintura histórica: «Otra Margarita», «Y aún dicen que el pescado es caro» y «Triste herencia» entre otras.

Llegó su proyección internacional cuando obtuvo el «Grand Prix» del Pabellón de España y Portugal en la Exposición Universal de París de 1900. A partir de dicha fecha, museos de Luxemburgo, Berlín, Londres, Nueva York,…se interesan por su obra; a pesar de recibir ciertas críticas controvertidas, llega a la cumbre de su fama y éxito después de exponer en Chicago y San Luis.

En cuadros como «Pescadores valencianos», «Comiendo en la barca», «Cosiendo la vela» o «Triste herencia» empieza a manifestar su amor por la pintura al aire libre, a pesar de pintar en ellos cuadros de costumbres; pero determinadas facetas están dominadas por el sol para recrearse en el luminismo que le hará célebre años más tarde. A veces una simple sombrilla marca el encuadre o sirve para filtrar la luz poderosa del sol, del que hay que guarecerse, como sucede en el cuadro «Mediodía en la playa de Valencia», pintado como un mosaico de pequeñas pinceladas y contraluces. Otras veces es la figura la que ocupa la mayor parte del lienzo para dar una visión más fotográfica, como aparece en «Jugando en el agua» o en «Niñas en el mar» o en «Saliendo del baño»,…

Su plenitud como pintor se halla especialmente en los cuadros realizados en las playas valencianas de Jávea y El Cabañal, donde chiquillos forman el enfoque principal y fotográfico bajo un sol abrasador. La luz solar es la única vestimenta que da vitalidad a sus cuerpos, mientras el azul cambiante del mar, según la profundidad de sus aguas o el momento del día, acoge su desnudez como parte integrante de la naturaleza. A veces Sorolla nos lleva hacia una muestra contemplativa del fondo marino bajo unas aguas nítidas y transparentes y los cuerpos de niños «Nadadores», cuyos movimientos y color se diluyen y quedan sutilmente velados en tonos más o menos violáceos y en contraste con las carnes enrojecidas entre manchas blancas de sus hombros expuestos al sol. «Me sería imposible pintar al aire libre despacio aunque quisiera», pues veía que el sol estaba en continuo movimiento cambiándole el color de las cosas y, por ello, sentía necesidad de «pintar deprisa». Los niños para Sorolla están siempre relacionados con el mar, ya para expresar un complejo luminoso de azules y blancos, ya para mostrar imágenes bien enfocadas o desenfocadas como contraluces.

Son fabulosos los cuadros pintados en las playas de Biarritz y de San Sebastián, en los que el viento y el mar parecen rivalizar en la gama de los blancos, como en el lienzo «Instantánea, Biarritz»: el viento racheado agita un mar espumoso y un velo que envuelve la imagen central. En estos lienzos es cuando se asocia la pintura al aire libre con los grandes formatos reservados para pintura de taller; la luz es la encargada de acotar la profundidad espacial para que los elementos del cuadro aparezcan en primer plano, tal como aprendió en el taller fotográfico de su suegro. Sorolla se aparta al mismo tiempo del impresionismo francés ya que la luz para él no es un elemento que conforma los objetos, sino como espectáculo de una naturaleza desbordante y llena de vida.

En la exposición de la CaixaForum «SOROLLA. EL COLOR DEL MAR», se pueden encontrar todos estos efectos tratados aquí sobre la luz y el color. La exposición presenta a Sorolla en las tres etapas de su producción. Desde nuestro punto de vista es una buena ocasión para acercarse a la obra del gran pintor valenciano: el análisis crítico, la temática de los cuadros y los apuntes dedicados a cada uno de ellos merecen una buena visita.

Musguide invitada en la sesión del Fòrum TurisTIC 2014, con la ponencia «La cultura está en tus manos».

El Forum TurisTIC reúne a 1.400 congresistas

Musguide une a los amantes del arte

Empresas e instituciones de los sectores turístico y tecnológico han compartido a lo largo de dos días experiencias y tendencias para hacer más rentable y competitiva toda la cadena de valor.

1.400 congresistas presenciales y 700 online han seguido la segunda edición del ForumTurisTIC. El congreso ha sido organizado por el centro tecnológico Barcelona Digital para dar a conocer experiencias y tendencias para hacer más rentable y competitiva toda la cadena de valor de uno de los principales sectores de la economía catalana a partir de las tecnologías digitales.

El segundo día del congreso ha estado enfocado a la búsqueda de nuevos mercados, a la importancia de desarrollar y cultivar relaciones en red, recomendaciones y reputación online, la tendencia peer to peer (o cómo los ciudadanos comparten su conocimiento para crear mejores experiencias de ocio) y conocer las aplicaciones más interesantes y creativas del sector turístico.

Las apps más novedosas enfocadas al turismo se han mostrado en la sesión Apps shots. Entre ellas, algunas dirigidas a que las propias empresas de servicios turísticos creen su propia app a partir de sus preferencias o sus servicios, otras enfocadas al mundo cultural (Musguide o la app del Park Güell) u otros multicanal, como el app de Logitravel, presentada en primicia en el Forum TurisTIC.

Musguide: La tecnología al servicio del arte y la cultura.

  •  Una gran galería de exposiciones y rutas culturales en una sola app, para disfrutarlas cuando quieras, donde quieras y como quieras.
  •  Una comunidad y red social de arte y cultura, que abarca y relaciona a los diferentes agentes artísticos y culturales.
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