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La cultura Maya de Chichén-Itzá

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Cuando Cristóbal Colón descubrió las «Indias» existían en el continente americano tres grandes culturas indígenas: la cultura azteca en América del Norte (México), la cultura maya en América Central (sur de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador) y la cultura inca en la zona andina y marítima del Pacífico de América del Sur (Bolivia, Perú y Chile). Llama la atención que de las tres culturas solamente la maya no formó imperio ni siquiera un estado homogéneo; en este aspecto coincide muchísimo con la cultura clásica de Grecia: ciudades-estado independientes unidas por enlaces de tipo político, religioso o lingüístico-cultural. Los primeros pobladores de origen maya (1.500 aC) se establecieron en las fértiles tierras altas y bien regadas de Guatemala, procedían de la parte norte del golfo de México: es la época preclásica, siendo su cultura la equivalente a la del neolítico europeo que evolucionó hacia una auténtica civilización con pequeños poblados urbanos; construían pirámides escalonadas para templos, trabajaban la cerámica, tenían escritura jeroglífica, calendario y sistemas de numeración (desde el s. III aC al s. III dC).

La época clásica oscila entre los siglos IV y X y su centro principal fue Petén. Fue un período esplendoroso en el que se construyeron grandes ciudades (Tikal, Palenque, Piedras Negras, Yaxchilán, Quiriguá, Copán y Río Azul); magníficos palacios y templos piramidales, campos de juegos de pelota, estelas de piedra con relieves y figuras decorativas y conmemorativas (como las estelas de Quiriguá, por ejemplo), perfeccionamiento de la cerámica y calendario, etc. Hacia el s. IX todo este esplendor decae sin que se sepa un motivo cierto (¿terremoto?, ¿pestes?, ¿revolución popular?, ¿guerras de religión como en el antiguo Egipto?…).

La época posclásica se inicia en el s. X en el Yucatán donde habían sido fundadas ya algunas ciudades durante la época clásica; nuevos emigrantes tolteques («nómadas») procedentes del norte (Tula) se establecieron en la antigua ciudad maya de Chichén («pozo de agua»); éstos formaban otra etnia maya llamada «itzá», de aquí el nombre de Chichén-Itzá. Era un pueblo de costumbres muy similares a las de los griegos de Esparta: guerreros entrenados en campamentos militares y disciplinados para la crueldad; tenían «cenotes» (lagos) de sacrificios, en donde eran lanzados jóvenes y niños de hasta diez años para indagar la providencia de las divinidades (eran politeístas): es famoso el cenote Chen-Kú consistente en un estanque profundo en un claro inesperado del bosque de 30 metros de diámetro, con paredes casi verticales, aguas cubiertas de algas microscópicas que le dan un color verde; rocas con agujeros por la erosión anidan iguanas y otros reptiles que se encaraman hasta los propios bordes. Al cenote de los sacrificios acudían, como en una romería, gentes de todas las ciudades mayas y existen pruebas de que se continuaron practicando estos ritos aún después de la conquista española, cuando los itzá habían abandonado definitivamente Chichén. (Todo esto me recuerda la ofrenda de doncellas que los cretenses ofrecían al Minotauro y que de forma tan magistral se puede leer en la novela histórica de Mika Waltari «Sinuhé el Egipcio»).

Los mayas Itzá tenían una cultura inferior, pero hicieron revivir con savia nueva la cultura decadente de la sociedad anterior. Los Itzá establecieron alianzas con las ciudades vecinas de Uxmal y Mayapán. Los mayas de Mayapán dominaron las 12 principales ciudades del Yucatán y formaron un imperio de 150 años (Macedonia con Filipo y su hijo Alejandro Magno hizo lo mismo con las «polis» griegas, pero duró poco tiempo, hasta la muerte de Alejandro que sucedió a los 36 años de edad). Las luchas internas, el afán de poder y quizás los enfrentamientos religiosos desunieron otra vez las ciudades: las tropas españolas las conquistaron fácilmente en 1.525 ocupando también Guatemala, pues no pudieron contrarrestar las armas militares de los invasores.

Cada ciudad estado estaba dirigida por un personaje llamado «halach-huinic» (sacerdote- rey); tenía bajo sus órdenes a los «batabood» (sacerdotes de menor categoría) que gobernaban pequeños núcleos urbanos. Todas las restantes clases sociales, formadas por la población libre campesina y artesanal (constructores de obras públicas y privadas, por ejemplo) y los esclavos que hacían de peones al servicio de los anteriores, estaban dominados por los sacerdotes que, como en la edad media europea, eran los únicos que tenían acceso a la cultura científica, técnica y religiosa. Ante cualquier adversidad social, los esclavos podían ser reos de sacrificio para aplacar a los dioses clásicos que correspondían a elementos de las fuerzas naturales: el dios Itzamná, el Cielo, era el padre del Sol (Kinich-Ahau) y de la Luna (Ixchel), etc. A cada divinidad le correspondía un templo propio dirigido por el gran sacerdote, quien oficiaba el rito y los sacrificios correspondientes al dios. A los dioses clásicos se le fueron añadiendo otros toltecas como por ejemplo Kukulkán.

La cultura maya adquirió un nivel muy desarrollado en materia intelectual y especulativa: un sistema de escritura ideográfica con elementos silábicos y un calendario, basado en la observación de los astros, con una precisión fuera de lo normal. Sin embargo desconocían la rueda, los metales -excepto el oro-, los abonos de cultivo y animales para carga. La lengua maya septentrional era la culta o literaria, mientras que la meridional era la común o dialectal; se conservan manuscritos desde el s. X , pero hay una placa que se remonta al s. IV. Se estima que actualmente hablan la lengua maya unas 30.000 personas en los estados de Yucatán y Campeche.

Su arte en arquitectura es maravilloso. Cuando se admira Uxmal y Chichén nos vienen a la memoria Olimpia y Delfos, pues Olimpia se extinguió con Zeuspiter y sólo es un santuario para los griegos de la antigüedad, mientras que Delfos continúa aunque Apolo se haya marchado del lugar. Uxmal puede reconstruirse por completo aunque sus artífices sean analfabetos o no, pues conocen las piedras, una por una, esparcidas por el suelo. En Uxmal no pasa como en tantas ciudades del antiguo Imperio Romano, cuyos bloques de piedra sirvieron para otros edificios; en Uxmal, por fortuna, no llegaron los frailes constructores de iglesias y conventos porque carecía de agua, y así no pudo abastecer, como si fuera una cantera, sus preciados bloques de piedra para otras edificaciones sagradas.

El panorama de Chichén es diferente porque conserva todavía tres cenotes de agua en su interior y tiene la desventaja de ser una metrópolis llana; Uxmal es accidentada dentro de lo que se puede ser en Yucután. Si la infiltración de la cultura mexicana o tolteca se observa en Chichén-Itzá, en Uxmal se conserva genuinamente maya.

En todas las poblaciones mayas existen edificios conocidos como «Las Monjas de + el nombre de la ciudad»; dicho así, «Las Monjas de Uxmal» o «Las monjas de Chichén», etc. El concepto «monjas» no debe entenderse como nominación cristiana, sino que tiene un equivalente al término de vestal romana (mujer virgen consagrada a las funciones del templo: en Roma la vestal tenía el cuidado de conservar el fuego sagrado al que recurrían todos los lares romanos).

En la vasta área de Chichén-Itzá podemos distinguir entre sus ruinas dos grupos de monumentos: los del primer período de ocupación maya y los esencialmente toltecos; los primeros pertenecen a los que están junto al cenote de aprovisionamiento de agua, mientras que los segundos son los que están en el cenote sagrado (de los sacrificios). En el grupo más antiguo encontramos El Caracol o monumento dedicado al dios del Aire por ser la divinidad predilecta de los Itzá: Quetzalcoatl-Kukulcán; a este grupo pertenece también el «Templo de los Relieves» que destaca sobre todo lo otro construido en estilo y técnica. A todo este conjunto monumental se le llama Grupo de las Monjas. El Palacio de las Monjas, situado en el fondo de una plaza, tiene a un lado El Caracol y el Templo de los Relieves, y en el otro «La Casa Colorada o «Chichan-Chob»; consta de tres pisos y todo el edificio no forma un conjunto homogéneo, pues parece construido en etapas diferentes: empezó como un edificio primitivo de un piso y fachada de 35 metros; más tarde se amplió con un segundo piso y una monumental escalera, haciendo el ya construido de base; la fachada está decorada con tableros en disposición geométrica; el tercer piso es de construcción simplísima. Junto al Palacio de las monjas hay como un pequeño edificio anexo que se le ha llamado La Iglesia: es de planta casi cuadrada con apertura única que es la puerta. Los indios dicen, como única superstición, que cada Viernes Santo se oye música en La Iglesia; en la decoración de la cornisa destacan unos grandes mascarones casi grotescos con ojos grandes, nariz larga y aguileña, boca con dentadura enorme, orejas con pendientes; sin embargo cada uno representa maneras de ser diferentes: tolerantes, violentos, maliciosos, bondadosos,… Los Itzá apaciguan los «chacs» o espíritus de los bosques con inciensos y frutos, con oraciones y salmodias, con silbidos y melodías para que soplen y les sean propicios en sus cultivos. Estas edificaciones son imponentes, pero carecen de la capacidad de alojamientos y de la unidad estructural de los que forman los monumentos mayas de Sayil. Sin embargo el templo de Quetzalcoatl «El Caracol», de planta circular, es de belleza impresionante.

A tres kilómetros del Conjunto de las Monjas, perteneciente a su grupo, encontramos «El Templo de los Tres Dinteles»; es tal su belleza que se podría comparar con un templo «in antis» griego o con otro de estilo románico; su nombre viene dado porque en sus tres puertas hay dinteles decorados. Se encontró destruido, aunque todas sus piedras estaban allí ; se conservaba en pie un fragmento de un ángulo, lo suficiente para seguir la pauta de reconstrucción. Consiste en un edificio de tres naves cubiertas con bóvedas.

El edificio de AkabDzib (Akab oscuridad; Dzib escritura) es curioso porque en uno de sus dinteles nos hallamos a un personaje, rodeado de jeroglíficos y que está sentado al lado de un brasero; parece que nos esté diciendo algo importante, pero no sabemos qué porque no se ha logrado descifrar el lenguaje.

Otra edificación de tipo completamente tolteca lo encontramos en «El Templo de los Tableros con Relieves»: tiene salas para reuniones militares que se cubren con bóvedas y en su interior hay una escalera para subir a la terraza donde se encuentra un templo pequeño; las pilastras del templete tienen forma de serpientes plumadas invertidas; además hallamos dos tableros esculpidos en relieve con escenas parecidas a una ceremonia de iniciación. Estos relieves parecen indicarnos historias mitológicas de los mayas Itziá: una choza cubierta con paja con dos personajes dentro, cobijados uno por un jaguar y por una serpiente el otro, que están recibiendo un tercero que les saluda al estilo maya tocándose el hombro izquierdo. Los personajes llevan una pierna enfundada para simbolizar que pertenecen a la Orden de Tezcatlipoca (Osa Mayor) que en el trópico está mutilada porque una estrella desaparece en el horizonte, como pasa en los frescos aztecas que a Tizatlán también se le representa mutilado o cojo, etc.

El Castillo de Chichén, llamado así por ser una mole enorme, es de estilo de los toltecas que crearon en el Valle Central de México un estado civil; pero como su espíritu era aventurero y colonizador fueron a parar a países lejanos. Hoy se les compara con los vikingos escandinavos que impusieron en Normandía y en Sicilia una cultura superior a la de su tierra de origen. Por los hallazgos que se encontraron en Tula se puede afirmar que la etnia Itzá era tolteca. Este castillo se halla en el llano de Yucatán; es una pirámide de base cuadrada y escalonada en nueve cuerpos, llegando a una altura de 24 metros. En la plataforma superior hay un templo serpentino, es decir, pilastras en forma de serpiente con la cabeza en la base y la cola en lo alto para que se apoye la viga o la bóveda. En El Castillo además se encuentra la Cámara del Jaguar: representa el descubrimiento más sensacional de la arqueología americana; dentro de El Castillo se encontró otro edificio anterior que estaba enterrado e intacto, a través de un túnel se accede a la cámara donde están los ídolos de los Itzá tal como ellos los dejaron y entre ellos una escultura monolítica de jaguar, pintada de rojo con ojos y manchas de la piel hechas con piezas de jade. Al lado del jaguar se encuentra el «Chac Mool» (tigre o jaguar rojo), es un personaje tendido con la cabeza ladeada para mirar hacia un lado y descansa sus manos sobre el abdomen y con las prendas indumentarias según la moda de Tula.

Podríamos enumerar muchísimos de los monumentos que se hallan en Chichén-Itzá, como el Templo de los Guerreros, el Templo de las Águilas o el de Tzompantli; pero preferimos terminar este breve relato deseando despertar simplemente un poco de curiosidad por una cultura humana de origen americano, pero no tan diferente a otras que se desarrollaron en los viejos continentes.