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Valladolid, una ciudad que rezuma arte por doquier

Valladolid

Todas las ciudades tienen sus encantos: unas, porque tienen más historia, se enorgullecen de su pasado y están dispuestas a darlo a conocer a todos los que llegan; otras, más jóvenes y con menos calles retorcidas y estrechas que enseñar, se regocijan, empero, de su pujanza actual expresada en niveles varios -de economía, de urbanismo, de estatus social y cultural, y de un largo etcétera-.

Valladolid

 Valladolid es una ciudad con historia; aunque se desconocen sus orígenes tiene vida más que suficiente como para poder mostrar con todo esplendor desde su paso por la Edad Media hasta nuestros días. Es, sin lugar a dudas, un encanto de ciudad; los azares del tiempo la llenaron de fueros y privilegios para convertirla en la capital política de Castilla y en un importante centro cultural y económico. También tuvo que sufrir sus titubeos de decadencia iniciados en el incendio de 1561 y cuando el vallisoletano Felipe II trasladó la capitalidad a Madrid; pero la ciudad pudo con todos los entuertos y avatares históricos sacando provecho de su pasado y hoy se nos muestra como una ciudad bien comunicada, con un desarrollo industrial pujante, como centro universitario desde 1346 y con todos los privilegios civiles y religiosos como avales de una población moderna. La Naturaleza no quiso ser menos y la premió con caudales de agua a su alrededor, ya que las nubes llegan secas.

Esta Capital castellana es un centro de arte. Tiene importantes monumentos medievales como las iglesias de Santa María la Antigua de construcción románica y elementos góticos, y la de San Martín de construcción similar, pero reformada en el s. XVII. El templo de San Miguel es de tipo gótico tardío, pero como su edificio era ruinoso el rey Carlos III mediante una real cédula unificó su parroquia con la de San Julián en la iglesia de San Ignacio de Loyola ( s. XVI), después de haber expulsado a los jesuitas; por este motivo el templo pasó a llamarse Real Iglesia Parroquial de San Miguel y San Julián. El convento de San Pablo atribuido a Simón de Colonia y el Colegio de San Gregorio obra de Gil de Siloé tienen unas fachadas impresionantes pertenecientes al gótico-mudéjar, el estilo de los Reyes Católicos, con un trabajo excepcional propio de la orfebrería plateresca del s. XV. Ambos fascinan de noche por su bien lograda iluminación, pero de día realzan su monumentalidad.

Pertenecen al estilo renacentista la iglesia de la Magdalena de Gil Hontañón, el monasterio de Las Huelgas con fachada mudéjar y esculturas de Gregorio Fernández en su interior. La Catedral, que está inacabada, es una obra característica de Juan de Herrera cuya construcción fue encargada por Felipe II; destaca el gran retablo del Altar Mayor construido por Juan de Juni. Son de estilo herreriano la iglesia de la Santa Cruz en cuyo interior podemos contemplar el Descendimiento de Gregorio Fernández, y la iglesia de Las Angustias que tiene La Virgen de los Cuchillos, hecha por Juan de Juni.

Aunque siempre se ha dicho que en Valladolid el arte está al servicio de la evangelización, sin embargo también podemos afirmar  que la arquitectura civil destacó muchísimo tanto en el arte Plateresco como en la interpretación estilística del Renacimiento italiano sobre todo en la vivienda urbana; las mansiones aristocráticas se adornan con estructuras del Renacimiento. Parece que el arte vallisoletano, debido a su gran poder de asimilación, logra que muchos estilos artísticos encuentren allí su culminación: el gótico, el herreriano, el renacentista de Berruguete pueden servir de ejemplo. En arquitectura civil se debe destacar el renacentista Colegio Mayor de Santa Cruz construido por Lorenzo Vázquez sobre un trazado gótico; la Casa de Cervantes del s. XVII transformada en Museo Arqueológico; la fachada barroca de la Universidad; el enorme palacio de los Condes de Benavente empleado como residencia de reyes -un incendio en el s. XVIII lo dejó maltrecho- todavía conserva el alfiz medieval en la puerta principal,  con un patio renacentista cuyos capiteles con hojas de acanto especiales son clásicos. La llamada Casa del Sol de portada sobria y hueco entre columnas. El Palacio Real, concluido por el Duque de Lerma sobre una mansión del secretario del emperador Carlos, tiene unos ornamentos de  una delicadez renacentista impresionante y al mismo tiempo con una visión plateresca que fusiona los dos estilos.

Hacia la segunda mitad del s. XVI nace un nuevo clasicismo más austero tanto en la arquitectura religiosa como en la civil; un ejemplo característico de la construcción civil lo encontramos en el palacio del marqués de Villena con la austeridad propia de Bramante:  portada sencilla con arco de medio punto, patio con dos arquerías jónicas y medallones en las enjutas. En el palacio de Butrón hallamos una tendencia florentina tirando hacia el manierismo: ornamentación escultórica de yesos preciosos al estilo italiano.

En la arquitectura religiosa podemos tomar como ejemplo la iglesia del Salvador en la que la fachada está concebida como si de un retablo se tratara: huecos entre columnas, hornacinas y esculturas muy bien trabajadas.

No sólo en Valladolid capital encontramos tanta magnificencia artística. Si queremos disfrutar del arte de la edad de oro español debemos visitar toda la provincia, donde hallaremos la autenticidad de la arquitectura castellana.

El Museo de Valladolid: desde 1933 está instalado en el Colegio de San Gregorio (s. XV), su estilo es plateresco -decoración exuberante sobre construcción gótica-. Su fachada decorada con figuras y escudos de armas parece un retablo; su patio semeja el de dos cuerpos sobrepuestos, el de la planta baja hecho a base de columnas porticadas, mientras que la galería alta la forman ventanas muy decoradas. Si el edificio en sí es una joya, no lo es menos el género a que se dedica: escultura castiza de madera tallada y policromada de los siglos XVI y XVII con temario religioso en exclusiva de los tres grandes maestros de la escuela castellana: Berruguete, Juan de Juni y Gregorio Fernández. Es necesario verlo para descubrir los encantos de cada escultor y lo grandes que fueron ellos mismos como artistas.