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El Monasterio de los Jerónimos de Lisboa

Els Jerónimos de Belem a Lisboa
Los Jerónimos de Belem en Lisboa

Quien va de turista a Lisboa está obligado a ir al barrio de Belem para visitar una joya artística de la arquitectura portuguesa del siglo XVI. Sucedía el año 1501, Vasco da Gama había regresado a Portugal después de haber encontrado con su expedición el camino de la India bordeando África. El rey Manuel I de Portugal le recibió con todos los honores. Hacía unos cuatro años que había zarpado. Por fin se había logrado encontrar el camino de las especias tan importantes y de tanto valor económico. El comercio con Oriente por el Mediterráneo se hizo imposible a causa del imperio otomano; se buscó la alternativa por el océano Atlántico y Vasco da Gama lo había logrado. Desde ese momento, las naciones europeas atlánticas iniciarían el comercio con la India y con Las Indias (América). Don Manuel el Afortunado premió al famoso Navegante con los títulos de almirante y virrey; encargó al arquitecto Juan de Castillo que levantara un monasterio para conmemorar el regreso de la expedición comandada por el Descubridor. El lugar más apropiado se consideró que era el de la ermita fundada por el Infante don Enrique en honor de Santa María de Belem, que daría nombre al barrio y era popularmente más conocida como Ermida do Rastelo.

 Todas las grandes obras arquitectónicas ordinariamente tienen en común el hacerse en varias etapas modificándose o ampliándose a través de los siglos. Así pues, las obras empezaron en 1514 en su primera etapa y su financiación salió de un pequeño tanto por ciento de los impuestos procedentes de la venta de algunas especias orientales.

 Juan de Castillo hizo un proyecto de arte manuelino, así llamado en honor al monarca portugués; este arte es una mezcla del renacimiento italiano con el gótico tardío o flamígero, tan de moda en la Península. Si en España tenemos el arte de los Reyes Católicos o plateresco, en Portugal el de Manuel I o manuelino, y ambos se extendieron por diferentes lugares de cada uno de sus reinos. El edificio se entregó a la orden religiosa de los Jerónimos. Es preciso contemplar toda su edificación exterior con sus portales y la manera de como está concebido, pero en su interior podemos admirar capillas auténticamente renacentistas del siglo XVI, las arcas funerarias de Manuel I y de su esposa María de Aragón, la hija de los Reyes Católicos; también las de Joao III con su esposa Catalina, la hija de doña Juana I de Castilla y hermana del emperador Carlos V, entre otros sepulcros. Llama la atención la luminosidad y amplitud de la única nave; semeja un salón cuya bóveda carece de apoyos a pesar de sus 20 m por 30 de construcción. Su claustro es precioso, muy adornado con temas diversos y motivos manuelinos, pero en su conjunto es uniformemente armonioso.

Últimamente se van edificando en el interior del Templo y en el claustro nuevas tumbas para instalar en un mismo lugar los restos mortales de personajes portugueses que obtuvieron fama; entre ellos cabe destacar los sepulcros de Camoens o el de Vasco da Gama. Es noticia que en 1985 se quiso trasladar los restos mortales del poeta Fernando Pessoa con el fin de rendirle un homenaje para conmemorar los 50 años de su muerte. El encargado de levantarle el monumento consistente en una columna fue el arquitecto Lagoa Henriques; en el monumento se había previsto un espacio pequeño de metal para albergar sus cenizas. La vigilia de la ceremonia, al ir a destapar la caja funeraria en que estaba enterrado se encontraron con algo inesperado: Pessoa estaba después de 50 años exactamente igual que cuando lo enterraron, estaba incorrupto. Durante la noche abrieron en el suelo, junto a la columna, una fosa donde depositar la nueva caja funeraria del gran poeta cubierta con la bandera nacional. La noticia saltó mediante la prensa y hasta se hizo eco de ella el diario «La Vanguardia» (domingo, 12 de junio de 2011) mediante su colaborador en Lisboa Gabriel Magallâes. Los portugueses no entendieron esta modalidad de traspasarlo a un nuevo ataúd, muchos ni siquiera llegaron a conocer el fenómeno producido en Fernando Pessoa y que la ciencia le da el nombre de «adipocere» , o la broma que en ciertas circunstancias puede gastar la grasa de un cadáver transformándose en cera. En otros tiempos menos dados a encontrar explicación a todo mediante la ciencia, al cadáver de una persona que estaba incorrupto se le consideraba un candidato para ser elegido a ocupar el santoral.

Pues bueno, el articulista nos narra que en el poeta se dan una serie de sucesos relacionados con el gran santo lisboeta, conocido con el nombre de San Antonio de Padua, nacido a finales del s. XII; es más, se afirma por tradición familiar que eran parientes tanto por parte de padre como de madre. En otra ocasión se pueden dar más detalles, en caso de que alguien estuviere interesado o interesada.