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El Parque de Joan Miró

El Parc Joan Miró

Los alcaldes de la recién estrenada democracia española tuvieron que ponerse a trabajar en serio; aunque en algunos lugares más que en otros, todos intentaron subsanar problemas cuyo origen fue el conformismo o tal vez la falta de iniciativa o quizá la ineptitud de los elegidos a dedo en épocas anteriores.

Narcís Serra salió elegido como primer alcalde demócrata por Barcelona en las urnas; así se iniciaba su fulgurante carrera política dentro del socialismo catalán. Fue todo un reto para él como lo hubiera sido para otro cualquiera. En Barcelona había un enorme lapso en que casi nada se hizo y el joven alcalde lo sabía. Una de las primeras acciones de su gobierno consistió en sacar fuera de la Ciudad el matadero municipal y en su lugar destinar el espacio que ocupaba para disfrute y esparcimiento de los barceloneses y especialmente para los de la zona: por fin un parque en la cuadrícula del Eixample de Ildefons Cerdà.

Entre un buen grupo de celebridades famosas el equipo municipal de Narcís Serra eligió para la envergadura de esta obra a un casi nonagenario Joan Miró. El artista sabía perfectamente que el Consistorio carecía de disponibilidad económica, pero quiso hacer buena su famosa frase «Cuanto más trabajo, más ganas tengo de trabajar» y a su edad trabajar era vivir. No se hizo rogar para su colaboración en este proyecto.

Dividió el terreno en dos partes: ideó la zona más elevada para convertirla en pavimento y la que ocupaba un plano más bajo para zona verde. Era una solución rápida, barata, pero genial. En su mente se materializaba la realidad con el sueño y el tema «Mujer, pájaro, estrella» en una noche de San Juan nacería por fin de la culminación del Artista.

Sobre la zona pavimentada dispuso esculpir la «Dona i ocell», una escultura que sobrepasa los 20 metros de altura; buscando una alineación precisa y extraordinaria que había nacido en él tanto en la joyería de su padre como en la ebanistería de su abuelo materno. Con esta sugestiva visión deja en el fondo una plaza de toros de estilo modernista «Las Arenas» como escenario.

Miró ya había creado otra estatua similar durante su estancia en París, pero sólo rondaba 3,5 metros de alto y que su gran amigo Salvador Artigas transformó en cerámica; pero la «Femme et oiseau» se rompió, aunque quedó la maqueta.

La «Dona i ocell», hecha de material adecuado para la intemperie -cemento armado- fue decorada siguiendo la técnica propia de Cataluña, «la del trencadís», pues permite recubrir a la perfección cualquier tipo de superficie.

Esta escultura es un formidable poema artístico: un auténtico símbolo del surrealismo onírico del amor, un canto sublime al sexo reproductor. La escultura lleva el estigma característico del Artista: en su forma fálica, puede observarse la incisión alargada y oscura con rebordes de color carne para la simbología de mujer receptiva al poder del amor. El pájaro con sus alas abiertas, como si no quisiera entrar en el juego amoroso del que forma parte, rompe con todo lo que pudiera parecer de erótico y por eso se halla en el sombrero de la mujer.

El espacio que ocupa la estatua es real; sin embargo da la impresión de que éste fuera especialmente creado para ella. Se eleva en un estanque de agua y se complementa con una parrilla, como si quisiera dejar Joan Miró para la posteridad un homenaje rotundo al quemar de las hogueras la verbena de San Juan como es tradicional por estos pagos catalanes, bajo el cielo estrellado de un equinoccio veraniego en el Mediterráneo.

¿Traicionó Barcelona a Ildefons Cerdà?

Ildefons Cerdà

Una parte de la burguesía barcelonesa reaccionó con ojos especulativos ante el ingenio de Ildefons Cerdà, cuando presentó su proyecto ganador de una trama cuadriculada que permitiera hacer de Barcelona el supremo ideal de una ciudad jardín; estos burgueses eran los propietarios de los terrenos donde tenía que llevarse a cabo el gran proyecto de L’Eixample y por ello quisieron sacar el máximo provecho posible.

El pastel tuvo que repartirse porque otra parte de la sociedad burguesa aceptó con valentía y hasta entusiasmada la idea de crear una Barcelona como el gran genio de Cerdà propuso; pero también deseaba ardientemente salir del apretujamiento que las obsoletas murallas habían creado en la zona antigua y también de la humedad del puerto; además en Cataluña era un momento de economía potente que procedía de la Revolución Industrial y de su comercio. Sin embargo, se conservan dos ejemplos representativos que se adaptan al  plan del gran urbanista: El passatge de Méndez Vigo y el passatge de Permanyer; en ellos podemos encontrar edificios bajos con jardines exteriores.

El Modernismo no quiso dejar escapar la ocasión y salpicó con sus obras los terrenos que habían en la Ciudad por urbanizar; pero este fenómeno artístico tampoco entraba en el gran proyecto de Cerdà porque proponía manzanas de edificios bajos con sólo dos fachadas en ángulo recto, dejando el interior visible y con abundante vegetación. El Modernismo es amante de las curvas, de los espacios llenos, amplios y altos para abrirse a la luz; sus arquitectos pensaban en proyectos grandes y en espacios amplios para de alguna manera dejar constancia de que tenían alma de artista.

Las autoridades municipales intentaron navegar a dos aguas: por un lado veían con buenos ojos las excelentes edificaciones del nuevo arte y los aires de modernidad que se estaban dando a la Ciudad; también con ciertos retoques no dejaba de cumplirse la cuadrícula urbanística que Cerdà había proyectado; ciertamente Barcelona no era un jardín, no obstante sus amplias calles permitían llenarlas de árboles frondosos en verano para que dieran sombra reconfortante, pero de hoja caduca para que en invierno dejaran pasar los rayos solares: los plátanos fueron los árboles elegidos. En algunas calles hasta se pusieron bancos para descanso y para dar la sensación de que si bien no era un jardín, sí  podía tener la similitud con un parque. No debemos olvidar que el Ayuntamiento compró terrenos para grandes proyectos urbanísticos como sucedió en la construcción de la actual plaza de Cataluña.

Por aquel entonces se reunían en Barcelona genios del arte y de fama internacional cuyas obras son hoy un embeleso turístico mundial. Era imposible contener el impulso creador de tan grandes personalidades, porque estaban dispuestos tanto a dejar sus huellas en edificios  habitables como a aventurarse en espacios no edificables para convertir la urbanización en un auténtico arte. Grandes mecenas tampoco faltaron para que se llevaran a cabo estos proyectos; así pues, podemos gozar del Parc Güell, del Hospital de Sant Pau o del encanto del Parque de Montjuïc, sede permanente de exposiciones universales.

¿Se traicionó el plan Cerdà, o éste vería con buenos ojos los resultados del grupo del que formaba parte?

El Liceu y superación: inspiración para una nueva ruta de Musguide

Liceu de Barcelona

El 31 de enero siempre es una fecha sensible para el mundo del arte. Tal día como hoy, hace 20 años, las llamas devastaban por segunda vez en su historia el Liceu, uno de los centros neurálgicos de Barcelona. Por suerte, tampoco esta vez el fuego pudo acabar con el inagotable empuje cultural del teatro de ópera por excelencia de la ciudad, que hoy sigue latiendo en su emplazamiento de las Ramblas, en el corazón del Casc Antic.

Liceu de Barcelona

La trayectoria con la que el Liceu se ha sobrepuesto a sus infortunios lo convierten en un espejo excepcional de un espíritu de superación inigualable. Y este es uno de los muchos ideales que han arraigado en Barcelona y que la misma ciudad homenajea y recuerda con esculturas de todo tipo.

Y Musguide ya ha preparado un recorrido por la ciudad para descubrir estos ideales y todos los personajes que mejor los representaron. Con esta nueva ruta, que estará disponible la próxima semana, podréis saborear una Barcelona diferente, redescubriendo sus monumentos menos conocidos y todas las curiosidades que los rodean.

Esperamos que lo disfrutéis.

Oriol Oliva Sanosa